Por Elizabeth Wolfe, CNN
Mientras el sol de diciembre se ponía sobre los picos de arenisca del centro de Utah, una pareja se aventuró por un anodino camino de tierra para tomarse fotos con el paisaje de rocas rojas como telón de fondo. Pero se toparon con un descubrimiento espeluznante entre arbustos dispersos y tierra reseca: los restos descompuestos de una niña pequeña.
Cuando los agentes del sheriff llegaron a la zona escasamente poblada de Caineville, era evidente que tendrían por delante la investigación de un homicidio. La niña, no identificada, había muerto por heridas de bala en la cabeza, según informaron posteriormente las autoridades.
Sin que los investigadores lo supieran en ese momento, tenían ante sí los restos de Melodee Buzzard, una niña californiana de nueve años, cuya desconcertante desaparición durante un viaje por carretera con su madre había movilizado a una vasta red de investigadores locales, estatales y federales que la buscaron durante dos meses en ocho estados. La imagen de su sonrisa pícara y su cascada de rizos había circulado en todo el país gracias a los medios de comunicación, las fuerzas del orden y el público preocupado.
Finalmente, pasaron dos semanas más antes de que determinaran que todas las señales apuntaban a alguien en quien Melodee “confiaba”, declaró Bill Brown, sheriff forense del condado de Santa Bárbara.
La madre de Melodee, Ashlee Buzzard, fue arrestada el martes y acusada de homicidio caliificado por el asesinato de su hija, que, según una denuncia penal, se llevó a cabo con excepcional “crueldad” y “saña”. Está previsto que comparezca ante el tribunal en la mañana de este viernes.
Los investigadores afirmaron que se vieron obstaculizados por un “intento deliberado” de ocultar la verdad (disfraces torpes, matrículas intercambiadas y conducción sospechosa) y por una madre poco cooperativa que nunca pudo dar una explicación razonable sobre el paradero de Melodee. CNN está trabajando para determinar si Buzzard ha contratado a un abogado.
Así es como los investigadores afirman que finalmente reconstruyeron el ADN, la balística y una red de pistas multiestatales para conectar a la madre de Melodee con su asesinato.
El universo donde Melodee vivía con su madre era pequeño. Giraba en torno a una casa de una sola planta, idéntica a cualquier otra en su barrio de Lompoc, California, donde las calles tenían nombres extravagantes como “Stardust Road”, “Pluto Avenue” y “Solar Way”.
Muchos de los familiares de Melodee no la habían visto en años. Perdieron contacto con la madre y la niña después de que el padre de Melodee falleciera en un accidente de motocicleta cuando ella era una bebé, según contó su tía, Lizabeth Meza, a NewsNation.
No fue su familia quien denunció su desaparición en octubre, sino un empleado de la escuela preocupado.
El 14 de octubre, la escuela de Melodee solicitó a la Oficina del Sheriff del Condado de Santa Bárbara que realizara una verificación de bienestar de la niña debido a su “ausencia prolongada”, según un cronograma de los investigadores.
Los empleados de la escuela no veían a Melodee desde agosto, cuando Buzzard la inscribió en un programa de estudios que le permitía asistir a la escuela a distancia, según la oficina del sheriff y el Distrito Escolar Unificado de Lompoc. Esto ayudó a los detectives a acotar la búsqueda al principio de la investigación, ya que el avistamiento anterior de Melodee había sido el año pasado.
Los agentes llegaron a la casa de la familia Buzzard el 14 de octubre, pero solo encontraron a Ashlee Buzzard, quien “no tenía una explicación verificable sobre el paradero de Melodee”, según informó la oficina del sheriff.
Cuando registraron la casa, Melodee no estaba por ningún lado.
Al día siguiente, los investigadores ejecutaron una orden de registro en la casa de Buzzard y descubrieron información que red