Por Will Ripley, Kocha Olarn, Rebecca Wright, Issac Yee, Laura Sharman, Angie Puranasamriddhi y Ally Barnard, CNN
Hambrientos y débiles, los sobrevivientes de la cueva en Laos se acurrucaron juntos en la oscuridad húmeda durante 11 días, aferrándose a la esperanza mientras una pared de agua bloqueaba su salida.
Cuando notaron que el agua por fin empezaba a retroceder, de algún modo encontraron la fuerza para intentar una audaz huida, completamente sin ayuda –– sorprendiendo al equipo de rescate en la superficie cuando aparecieron en la entrada de la cueva, el sábado.
Su valentía nació del miedo, contó uno de los sobrevivientes a CNN en una entrevista exclusiva.
A través de túneles estrechos y traicioneros, algunos anegados y lo bastante fríos como para requerir trajes de neopreno, otros tan apretados que el oxígeno escaseaba, los hombres recorrieron 260 metros (aproximadamente 850 pies), desde la cámara en la que habían quedado atrapados hasta la boca de la cueva, una distancia equivalente a la altura de un edificio de 78 pisos.
Un miembro de su grupo, que había entrado en la cueva buscando oro, fue guiado a salvo por un equipo multinacional de expertos en cuevas usando equipo de buceo un día antes. Los otros cuatro se quedaron esperando a que las condiciones fueran lo suficientemente seguras.
“Tenía miedo porque estábamos allí solos”, dijo a CNN Mee Singfamalai, un barbero de 23 años, desde el Hospital de Long Tieng, donde se está recuperando.
“Habíamos estado allí durante mucho tiempo y el agua se había secado. Hacía demasiado frío adentro, así que decidimos arrastrarnos para salir”, dijo Mee.
El agua tenía al menos un metro de profundidad en algunas secciones de la cueva.
“A veces teníamos que bucear, a veces teníamos que arrastrarnos. Nos arrastramos lentamente. El pasaje era apenas del tamaño de una persona”.
Los rescatistas habían llegado por primera vez al grupo de cinco el miércoles, una semana entera después de que hubieran entrado en la cueva y quedaran atrapados cuando una fuerte lluvia cayó sobre la selva afuera, durante el húmedo verano laosiano.
Agotados y sobreviviendo solo con agua, durmieron todo lo que pudieron, y rezaron para que llegara la salvación.
“Dormíamos abrazándonos unos a otros. Cuatro o cinco de nosotros”, dijo. “Ayudó mucho. No teníamos mantas”.
Y se aferraron a la esperanza de reunirse con sus seres queridos para distraerse del hambre.
“Siempre creí que sobreviviría. Tenía que lograr salir para ver a mis hermanas y a mi madre”, dijo Mee. “Cuando salimos y vimos a la gente vitoreando por nosotros, se sintió como si me hubieran dado una nueva vida. Fue abrumador. De repente tuve esperanza”.
Esta tortuosa odisea marcó la primera vez que Mee entraba en esta cueva, ubicada en las estribaciones de un proyecto minero cerca del pueblo de Long Tieng, a horas de las ciudades más cercanas y por caminos fangosos que han sido azotados por la temporada de lluvias.
Una economía minera informal se ha expandido por partes de Laos en los últimos años, particularmente en regiones remotas de piedra caliza y cuencas fluviales donde los medios de vida formales son escasos y la aplicación de la ley es limitada.
Habiendo encontrado oro en otro lugar una vez antes, Mee y sus amigos decidieron probar suerte en la cueva con la esperanza de ganar algo de dinero.
“Somos aldeanos. Vamos a las montañas para ganarnos la vida. Oímos que había oro, así que entramos a buscarlo. Luego, la cueva se inundó y no pudimos volver a salir”.
Mee dijo que estaba agradecido con “todos los que ayudaron [a él] a sobrevivir”.
Se había puesto en marcha un enorme esfuerzo de rescate para salvar a los hombres, que involucró a buzos de todo el mundo, grandes bombas para drenar el agua de la cueva y maquinaria pesada para despejar caminos improvisados hasta el lugar r