Por Federico Leiva, CNN en Español
Un partido separa a la selección argentina de lograr el bicampeonato consecutivo en la Copa del Mundo, algo que ningún país ha logrado en los últimos 60 años, desde Brasil en 1958 y 1962. La Albiceleste rompió el pronóstico de muchos al llegar a una nueva final, aunque no sin sufrimiento, transitando un recorrido que pareció llevarla de más a menos en cuanto a su producción futbolística, aunque siempre apareció su jerarquía individual y colectiva para rescatarla cuando la necesitó.
Argentina tuvo una fase de grupos tranquila, sacando los nueve puntos en juego, con tres producciones correctas donde hubo un denominador común: Lionel Messi. Aún así, el equipo comandado por Lionel Scaloni fue dejando algunas dudas colectivas que quedarían bien al descubierto en la etapa de playoffs.
El primer show de Messi. Si había dudas sobre cómo llegaría el capitán del seleccionado argentino al debut, estas quedaron disipadas en un par de minutos. El 10 se aprovechó de un flojísimo Zidane (hijo de Zinedine) bajo los tres palos de Argelia y le marcó tres goles. Argentina controló sin problemas a un equipo que prometía mucho y que no cumplió con ninguna expectativa. La Albiceleste no fue una aplanadora, pero hizo un gol rápido y luego no dejó que los africanos patearan un solo remate al arco.
El primer atisbo de duda sobre el nivel físico del campeón del mundo. Austria no mostró talento con el balón ni tuvo una actuación descollante en ataque, pero emparejó el duelo con mucho despliegue, doblando las coberturas en defensa y moviéndose en bloque. Sin embargo, el gol de Messi (que erró un tempranero penal) en el primer tiempo simplificó la tarea de la Albiceleste, una selección que se siente cómoda ganando por poco y controlando el partido. Los europeos casi no tuvieron situaciones, y sobre el final otro gol del 10 sentenció la historia.
No fue un partido para sacar ninguna conclusión. Scaloni puso a gran mayoría de suplentes y el equipo respondió bien, aunque sin ser una máquina. De hecho, los tres goles llegaron de pelota parada: dos de tiro libre, ambos con responsabilidad del arquero Layla, y uno de penal. El duelo sirvió para darle minutos a un Paredes que sería clave más adelante en el torneo y para que Lautaro Martínez se saque la espina de marcar en un Mundial. Las grietas en defensa aparecieron por primera vez
Un parto atrás de otro. Argentina ganó todas las series con lo justo, debiendo ir dos veces al suplementario y en otras dos encontrando el triunfo en el tiempo añadido.
El rival de Argentina en 16avos fue un debutante, que lejos de ser “Cenicienta”, demostró ser una auténtica pesadilla. La Albiceleste encontró el gol a través de Messi y controló bien el juego hasta el entretiempo, pero en el descanso Cabo Verde se sacó el miedo de encima y, perdido por perdido, regaló una actuación memorable. Empató el juego y resistió con Vozinha, llevando al campeón al tiempo extra. Otra vez el balón detenido puso adelante a Argentina y cuando parecía historia sentenciada, Cabral marcó el gol de su vida para poner el 2-2. A Argentina, que sufrió los ataques y el despliegue físico africano, solo la salvó un gol en propia puerta al minuto 111.
El partido que ganó con el corazón y la chapa de campeón. Los sudamericanos fueron una sombra durante gran parte del juego, aunque pusieron en aprietos a un gran Oufa en el arco egipcio. Los africanos ganaban 2-0 aprovechando al máximo sus chances de gol, explotando los espacios en la defensa argentina. Incluso se hubieran puesto 3-0 si no fuera por la intervención del VAR. Messi había errado un penal, y parecía una noche destinada a no ser. Pero apareció el campeón, el alma de campeón. Cuti Romero fue de centrodelantero y de cabeza puso el 1-2 a los ’79, Messi se redimió a los ’83 con un furioso remate para el 2-2 y Enzo Fernández liquidó un contragolpe con otro cabezazo para el 3-2. Argentina se agr