Por Mostafa Salem, CNN
Las protestas, impulsadas por la grave situación económica, se han extendido por las provincias de Irán, mientras las autoridades recurren a su táctica habitual de represión sin ofrecer soluciones viables a las quejas que alimentan la ira pública.
Millones de iraníes se enfrentan a una inflación desenfrenada y a una moneda en caída libre, mientras miles de personas salieron a las calles en manifestaciones que se tornaron violentas tras el despliegue de las fuerzas de seguridad del Gobierno.
Lo que comenzó el mes pasado como protestas organizadas en los bazares y universidades de Teherán se ha extendido gradualmente a ciudades de todo el país. Los expertos afirman que el movimiento, sin líderes ni coordinación, se tornó violento a medida que las protestas económicas se entrelazaron con las políticas.
“Esto se siente diferente porque se trata del poder adquisitivo de la gente y la gente realmente no puede permitirse nada”, dijo un residente de Teherán de 30 años que habló bajo condición de anonimato. “Los precios siguen subiendo casi hora tras hora, pero nadie sabe cómo terminará esto… Todos están preocupados”.
Cuando los comerciantes de las estrechas calles del Gran Bazar de Teherán protestaron la semana pasada contra las fallidas políticas económicas del Gobierno, sus cánticos hicieron temblar al régimen.
Para empeorar la situación, la decisión del banco central, la semana pasada, de poner fin a un programa que permitía a algunos importadores acceder a dólares estadounidenses más baratos que el resto del mercado, generó que los comerciantes aumentaran los precios.
Los precios de productos básicos como el aceite de cocina y el pollo se dispararon drásticamente de la noche a la mañana y algunos productos desaparecieron por completo. La volatilidad llevó a los comerciantes a cerrar sus negocios, una medida drástica para un grupo tradicionalmente partidario de la República Islámica.
Tras días de protestas y represión, el Gobierno, de tendencia reformista, intentó aliviar la presión ofreciendo subsidios directos en efectivo (casi US$ 7 al mes), afirmando al mismo tiempo que no puede resolver la crisis por sí solo.
“No debemos esperar que el Gobierno se encargue de todo esto solo”, dijo el presidente Masoud Pezeshkian en un discurso televisado el lunes.
Provincias iraníes tan al oeste como Ilam, una región de mayoría kurda que limita con Iraq, y Lorestán, se han convertido en focos de disturbios. Impulsadas por las divisiones étnicas y la pobreza, las multitudes incendiaron las calles y corearon “Muerte a Jamenei”, desafiando directamente al líder supremo de Irán, quien ostenta la máxima autoridad sobre los asuntos religiosos y estatales de la nación.
La ciudad se convirtió en el centro de atención esta semana después de que manifestantes heridos fueran trasladados a un hospital, solo para que las fuerzas de seguridad irrumpieran posteriormente en el centro médico y los arrestaran, en un incidente que provocó una condena generalizada por parte de grupos de derechos humanos y llevó al Gobierno a prometer una investigación.
La agencia de noticias iraní Fars, afiliada al Estado, informó que 950 agentes de Policía y 60 miembros de la fuerza paramilitar Basij resultaron heridos en las protestas, principalmente en enfrentamientos con “alborotadores” en las provincias occidentales, “equipados con armas de fuego y granadas”.
Personas en más de 100 ciudades han salido a las calles desde que comenzaron las manifestaciones hace 11 días, incluida la capital, Teherán.
Al menos 38 personas han muerto y más de 2.000 han sido arrestadas en la represión posterior, según organizaciones de derechos humanos con sede fue