Análisis por Manuela Castro, CNN en Español
Que el presidente de Argentina, Javier Milei, saliera a respaldar inmediatamente la captura de Nicolás Maduro en manos de las fuerzas militares de Estados Unidos, el sábado a la madrugada, no fue una sorpresa para nadie.
Milei es uno de los aliados más fieles del mandatario Donald Trump en la región e hizo de la confrontación con el Gobierno de Venezuela uno de los ejes de su política regional.
De hecho, durante la última cumbre del Mercosur en Foz de Iguazú, semanas atrás, celebró “la presión de los Estados Unidos y Donald Trump para liberar al pueblo venezolano” en su alocución y dijo que “el tiempo de (…) un acercamiento tímido” estaba agotado. Unos días antes del ataque en Caracas, en una entrevista con Andrés Oppenheimer para CNN Español, consultado sobre esa posibilidad, respondió sin dudar: “Estoy de acuerdo con que Estados Unidos avance y si necesitan de mi apoyo lo van a tener”.
En las primeras horas del sábado, cuando la noticia de la captura de Maduro ya había recorrido el mundo, Milei habló con el medio local La Nación + e incluyó a Edmundo González Urrutia como parte de la escena a la que ofrecía su respaldo: “Es momento de que todo se recomponga en Venezuela y asuma el verdadero presidente”, dijo.
Para ese momento, Trump no había dado todavía su conferencia de prensa en la que descartó que María Corina Machado y los líderes de la oposición venezolana fueran parte de una transición en primera instancia, que auspició lenta y sin fecha prevista.
Desde entonces, algó cambió en el discurso del Gobierno de Argentina. El lunes, durante la reunión del Consejo de Seguridad de la ONU, Francisco Tropepi, representante del país, ya no hizo mención ni a Machado ni a Urrutia: “El Gobierno de la República Argentina valora la decisión y la determinación demostradas por el presidente de Estados Unidos y por su Gobierno en las recientes acciones adoptadas en Venezuela que derivaron en la captura del dictador Nicolás Maduro”.
No pasó ni un mes desde que Javier Milei aterrizó en Oslo, Noruega, para estar presente en la entrega del premio Nobel de la Paz a Maria Corina Machado. Allí se encontró con González Urrutia, con quien se saludó cálidamente -como puede verse en una foto que difundió entonces el Gobierno de Argentina- en la ceremonia.
Un año antes, el líder de la oposición venezolana había visitado Buenos Aires como primera parada de su gira latinoamericana, meses después de las fallidas elecciones en Venezuela que resultaron en el exilio de Urrutia de su país. Esa vez, la foto con Milei fue desde el balcón de la Casa Rosada frente a una Plaza de Mayo en la que se congregaron cientos de venezolanos que se acercaron en muestra de apoyo.
Por eso, que Milei saliera a apoyar rápidamente a González Urrutia tras la captura de Maduro tampoco fue una sorpresa.
Pero el escenario parece haber cambiado.
El analista internacional Martín Schapiro dice que la decisión estadounidense “fue un trago amargo para los líderes que esperaban detrás de la oposición venezolana”.
En las últimas horas, el canciller argentino, Pablo Quirno, salió a desmentir versiones públicas sobre que Milei estuviera acordando con el presidente de Francia, Emmanuel Macron, algún tipo de frente para que González Urrutia llegara al poder.
Una fuente de gobierno confirmó a CNN que la conversación con Macron existió, algo que también había dicho en sus redes el canciller, pero consultado por la posición de Argentina respecto a que corrieran a Corina Machado de la transición fue contundente: “Estamos alineados a las decisiones que tome Estados Unidos”, dijo en más de una oportunidad.
“Hay un acomodamiento del discurso”, sostiene Schapiro, quien afirma, además, que no es la primera vez que sucede con Milei en relación a decisiones que toma Trump. “Recordemos a (Volodimir) Zelenski, presente en la asunció