Análisis por Thomas Schlachter, CNN
Para los atletas de élite, la constancia es fundamental.
Su día a día se basa en programas de entrenamiento meticulosamente planificados, dietas estrictas y rutinas perfectamente estructuradas, fruto de años de dedicación.
Sin embargo, hay algo que los atletas no pueden controlar: el clima.
Mientras una ola de calor mortal y sin precedentes azota Europa, sus efectos se hacen sentir con fuerza entre las estrellas que compiten en Roland Garros.
Según su servicio meteorológico nacional, Francia ha registrado temperaturas máximas diarias superiores a los 32 grados Celsius (unos 90 grados Fahrenheit) desde el sábado, una cifra asombrosa para esta época del año.
Tal es la intensidad del calor que esta racha de días soleados ha resultado más calurosa de lo habitual incluso para el mes de julio —el mes más caluroso del país—, y esta misma semana Francia ya ha vivido el día de mayo más caluroso de su historia desde que existen registros.
Y no hace falta ser un analista de tenis para percibir el impacto que esto está teniendo en los jugadores.
Durante casi cada interrupción del juego, los jugadores se apresuran hacia sus respectivos bancos para hacer todo lo posible por refrescarse.
Aprovechan al máximo el valioso tiempo a la sombra bajo una sombrilla, los ventiladores portátiles funcionan a destajo y se ingieren diversas bebidas hidratantes para reponer los electrolitos del organismo.
Asimismo, los jugadores se aplican constantemente bolsas de hielo en el rostro y el cuello, antes de que este se derrita inevitable y rápidamente.
Sin embargo, a pesar de todo ello, nada parece bastar para detener al sol.
El número 16 del mundo, Casper Ruud, comentó que las condiciones lo hicieron “caminar como un zombi” tras su victoria en la primera ronda el pasado 25 de mayo.
“Fue una especie de sensación de golpe de calor”, describió Ruud después de su triunfo en cinco sets ante Roman Safiullin. “Ya había experimentado algo similar hace algunos años, cuando jugué en Washington D.C., y tuve que retirarme en el tercer set”.
“Esa es la única otra ocasión en la que tuve la misma sensación que experimenté hoy en el cuarto set; hubo momentos en los que me sentí realmente mareado y caminaba casi como un zombi”.
Ruud es solo uno de los muchos jugadores que están sufriendo las consecuencias de la cúpula de calor que se cierne sobre el continente.
Una cúpula de calor es un sistema persistente de alta presión que actúa como la tapa de una olla: atrapa el aire caliente y lo empuja hacia abajo. Jakub Menšík ha calificado de “una locura” el hecho de que los jugadores tengan que competir bajo estas condiciones.
La estrella checa se desplomó al finalizar el partido de cinco sets en el que venció a Mariano Navone el miércoles.
“Es una locura jugar con este tiempo, especialmente bajo el sol, estar ahí fuera durante más de cuatro horas y media es simplemente una locura y, aun con los descansos, no dispones de mucho tiempo”, declaró Menšík tras el encuentro.
El joven de 20 años relató que comenzó a sentirse indispuesto y que, como consecuencia, no lograba asimilar los electrolitos que ingería. Posteriormente, también tuvo que lidiar con calambres a medida que el partido se acercaba a su desenlace.
Tras asegurar la victoria, Menšík se desplomó de inmediato sobre la pista de tierra batida. El personal de primeros auxilios ofreció una silla de ruedas al cabeza de serie número 26, pero este logró abandonar la pista por su propio pie.
“Con este calor y en estas condiciones, es una locura”, reiteró Menšík, sugiriendo a su vez que se adopte un criterio más flexible respecto a las estrictas normas sobre los descansos vigentes en Roland Garros.
Aparte de las condiciones meteorológicas, la sorprendente eliminación de Jannik Sinner en la segunda ro