Análisis por Emiliano Giménez, CNN en Español
Casi una década pasó para que Venezuela pudiese encarar un proceso de reestructuración de su deuda soberana. Entre incumplimientos propios y sanciones de Estados Unidos, el país quedó gradualmete fuera del radar de los mercados voluntarios de crédito desde 2017, una situación que derivó en aislamiento global y en un fuerte impacto en la economía.
“Es obvio que Venezuela hubiese querido hacer esto hace mucho tiempo”, observa el economista venezolano y presidente de la consultora Datanálisis, Luis Vicente León, que explica además que esto se ha demorado por la situación interna del país y la falta de reconocimiento de Estados Unidos del gobierno del derrocado presidente Nicolás Maduro, siempre teniendo en cuenta que la mayor parte de la deuda del país tiene jurisdicción en la primera potencia mundial.
Para todos los países, reestructurar una deuda que siempre procede de un impago es un gesto de confianza del mercado a un posible ordenamiento en términos financieros, pero también términos políticos. Es cierto que Venezuela se encuentra recién en una etapa de anuncios. Resta todavía una negociación y luego pactar las condiciones de entendimiento con los acreedores. Recién ahí se conocerá el grado de aceptación y respaldo de todo este proceso. Pero el camino ha comenzado.
De acuerdo con estimaciones difundidas por la agencia Reuters unos meses atrás- Venezuela no difunde estadísticas oficiales sobre su pasivo- el total de la deuda externa del país asciende a entre US$ 150.000 y US$ 170.000 millones. Esto incluye todos los préstamos bilaterales, los laudos arbitrales y las obligaciones de la compañía estatal, Petróleos de Venezuela (PDVSA).
La relación entre deuda y PBI está entre 180% y 200%, de acuerdo con estimaciones del Fondo Monetario Internacional (FMI). Para decirlo más sencillamente, el total de la deuda del país supera en casi un 200% a lo que Venezuela produce en un año. Es un porcentaje superior al promedio de la región. Según los últimos datos del mismo organismo, el vínculo promedio entre deuda y producto en América del Sur es del 79,7%.
“Es un tema muy complejo, es una deuda muy grande, con muchas aristas. Va a ser un proceso difícil. El anuncio es positivo. El tema central es que mientras un país tiene una deuda que desde 2017 está en default se acumulan intereses estrambóticos que aumentan la carga día a día. No se puede esperar el momento perfecto para hacerlo, hay que arrancar ese proceso. Hay que parar el sangrado de los intereses”, sostiene Luis Vicente León. En ese sentido, el economista entiende que Venezuela intentará renegociar en primer lugar la deuda cuantificada, documentada, que es la emitida bajo legislación de Nueva York, papeles del Estado y de PDVSA que cotizan en bolsa. “Eso facilita la negociación”, agrega. Y estima que la deuda más difícil de revisar será la bilateral, la que Venezuela tiene con organismos multilaterales y la que proviene de juicios, que es la mayor porción del total de acreencias.
Otros economistas venezolanos aseguran que para que el proceso sea exitoso, el país deberá renegociar al mismo tiempo todas sus deudas, no solamente las financieras.
Venezuela se asoma a la renegociación de su pasivo con el apoyo de Estados Unidos, en el contexto de una relación bilateral que ha cambiado desde la captura del presidente Nicolás Maduro, el pasado 3 de enero. Donald Trump le dio impulsó a este proceso al reconocer al gobierno venezolano, encabezado por Delcy Rodriguez. Y luego al emitir una licencia para asesorar al país caribeño en términos legales y financieros.
“El anuncio de reestructuración debe ser visto como un paso más hacia el restablecimiento de vínculos entre Venezuela y los mercados internacionales y es consistente con la reaproximación, forzada por el ataque militar estadounidense de enero, a Washington”, sostiene el analista internacional, Gabriel