Por Rey Rodríguez, CNN en Español
La tarde del 17 de octubre de 1989 el área de la Bahía de San Francisco lucía tranquila y sin gente. Ese día, miles de residentes seguían, desde sus casas, bares y restaurantes, el duelo entre los Gigantes de San Francisco y los Atléticos de Oakland, cuando de pronto fueron sorprendidos por un terremoto de 6.9 en la escala de Richter.
La sacudida se sintió unos minutos antes de iniciar el tercer juego y detuvo el evento deportivo más esperado del año para los amantes del béisbol. Según las autoridades, el sismo de ese día dejó un saldo de 67 muertos y severos daños materiales, incluidos los registrados en el estadio Candlestick Park, donde se disputaba el gran clásico de la Serie Mundial.
El recinto soportó el impacto del sismo, al igual que numerosos edificios y viviendas de la zona de la bahía, evitando una tragedia mayor. Sin embargo, después del desastre se modificaron las normas de construcción de la ciudad y se optimizó la preparación y respuesta ante futuros desastres.
Lo que ocurrió esa tarde en San francisco, hace casi 37 años, demostró que un temblor puede ocurrir en el momento menos esperado, incluso durante una celebración deportiva de alcance mundial. También dejó en claro que una mejor preparación puede ayudar a reducir riesgos y salvar vidas.
Una reflexión que cobra hoy mayor relevancia para México, país ubicado en una de las zonas con mayor actividad sísmica del mundo y que será una de las sedes, junto con Estados Unidos y Canadá, de la Copa FIFA 2026.
El evento mundialista, que arrancará el 11 de junio, atraerá a miles de extranjeros, muchos de ellos sin experiencia ante un sismo, y pondrá a prueba la capacidad operativa y de respuesta de las autoridades mexicanas.
“Ojalá que estén tomando en cuenta la posibilidad de un terremoto durante la Copa FIFA 2026”, advierte el arquitecto Iván Salcido Macías, quien recuerda que, durante el Mundial de fútbol México 86, todavía estaban frescas las huellas del terremoto del 19 de septiembre de 1985, considerado uno de los más devastadores de la historia reciente del país.
“Los capitalinos saben bien que puede temblar en cualquier momento, pero quienes vienen de afuera no”, dice el también investigador y cronista sobre la historia sísmica de la ciudad.
En lo que va de 2026, México ya registró dos alertas sísmicas reales. El 2 de enero ocurrió un sismo de magnitud 6.5 con epicentro a 4 kilómetros al suroeste de San Marcos, Guerrero, según reportó el Servicio Sismológico Nacional.
Tres meses después, el 4 de mayo, volvió a activarse la alerta sísmica tras otro temblor de magnitud 5.6 grados cerca de Pinotepa Nacional, en el estado de Oaxaca.
Salcido considera que es muy difícil prever cómo reaccionarían los turistas que nunca han vivido un sismo. “Yo creo que muchos se van a quedar congelados y ahí es donde cobra valor el nivel de preparación que tengan las autoridades para una contingencia de ese nivel”, dice.
Y añade: “La misma gente de la ciudad de México se espanta, se pone nerviosa y reacciona con miedo, imagínate aquellos que lo vivirían por primera vez. Por eso hay que adelantarse, no esperar a que las cosas pasen”.
La arquitecta Myriam Urzúa Venegas, secretaria de Gestión Integral de Riesgos y Protección Civil de la Ciudad de México, asegura que la institución que encabeza repartirá miles de folletos en los aeropuertos, los hoteles, los restaurantes, entre otros espacios públicos con información sobre qué hacer antes, durante y después de un sismo. También los distribuirán en las zonas en los que se realizarán los llamados FIFA Fan Fest.
Recomienda que, si una persona está en un segundo piso, lo mejor sería evacuar por las rutas señaladas, “sin empujar, sin gritar y sin correr”, hasta llegar al punto de concentración fuera del inmueble.
“Si nos encontramos en un tercer piso o más arriba, lo más ra