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El mensaje de Rubio a Europa por San Valentín: cambien o serán abandonados

Kraig Pakulski 0 20 Article rating: No rating

Análisis de Nick Paton Walsh, CNN

Siguió siendo una bola de demolición, aunque envuelta en chocolate y calidez.

Los febriles aplausos que el secretario de Estado de EE.UU., Marco Rubio, recibió en la Conferencia de Seguridad de Munich cuando dijo que EE.UU. era el “hijo” de Europa y que sus destinos siempre estarían “entrelazados”, ocultaban su contundente mensaje político. Eran aplausos de alivio y aliento de una audiencia europea que se preparaba para un ataque como el embate de J. D. Vance el año pasado.

Pero las falsas acusaciones de Vance en la conferencia del año pasado —que Europa está suprimiendo la libertad de expresión y la democracia, y enfrentando un declive civilizacional— ahora están consagradas en la estrategia nacional de seguridad de EE.UU. Rubio no tuvo que esforzarse mucho para sonar amistoso.

Estados Unidos está preparado para “reconstruir”, pero solo según sus valores, dijo Rubio este año, mientras evocaba incansablemente los vínculos históricos de Estados Unidos con el continente. Esos valores incluyen abrazar el cristianismo y un patrimonio cultural compartido, cerrar fronteras y abandonar las políticas sobre la crisis climática. EE.UU. necesita ver una Europa reformada, les dijo a sus aliados de décadas: no solo detalles de presupuestos de defensa, sino un cambio radical en el sistema de valores del continente.

Europa y EE.UU. “pertenecen juntos”, dijo también. Pero en esta etapa de terapia de pareja de una relación abusiva en declive, el mensaje era claro: cambien o serán abandonados.

Los organizadores de la conferencia ya habían advertido que el mundo estaba en una era de “política de bola de demolición”, que había dejado a Europa al margen, en un informe publicado justo antes de la conferencia. Ahora Rubio les decía a los líderes exteriores centristas liberales que toda su visión era errónea, haciendo eco de los opositores populistas de ultraderecha que bien podrían apartarlos del poder en las próximas elecciones.

Los escritores de discursos del principal diplomático estadounidense no dejaron espacio para los argumentos de aliados clave en el mismo escenario de Munich. Un día antes, el canciller alemán Friedrich Merz dijo que las guerras culturales de MAGA no eran luchas que Europa necesitara librar. Emmanuel Macron equiparó la soberanía territorial con el derecho de los franceses a vigilar su propia desinformación y democracia.

Dos horas después, la urgente difícil situación de Ucrania —la crisis de seguridad definitoria de la era posterior a la Segunda Guerra Mundial en Europa— fue retratada apasionadamente por el presidente Volodymyr Zelensky, evocando el tema que debería haber ocupado el centro del escenario superando el ruido de MAGA. Un líder cuya cuarta aparición en la conferencia ofreció un recordatorio sorprendente de la infinita capacidad de Ucrania para sobrevivir y adaptarse a la brutalidad de Rusia, presentó el argumento más fuerte de la cumbre para que Europa tenga su propia estrategia de defensa.

Zelensky recordó a la audiencia que cada planta de energía ucraniana había sido atacada, y que cada kilómetro que Rusia tomaba les costaba 156 vidas, según el propio recuento de Ucrania. Habló en inglés, en un tono que sugería que le preocupaba menos molestar al presidente estadounidense Donald Trump. Lamentó el espíritu de un proceso de paz que parecía presionar a Ucrania, víctima de una invasión desde hacía cuatro años, para que hiciera concesiones, en vez de presionar al agresor ruso. También se burló de lo que Moscú ha denominado el “espíritu de Anchorage”, un término diseñado para sugerir que Putin y Trump hicieron un trato secreto cuando se reunieron en Alaska el año pasado.

Mientras Zelensky hablaba, imágenes de video se proyectaban en la pared detrás de él mostrando nueva tecnología ucraniana derribando drones rusos: una dura realidad en contraste con la tecnocracia política que predominaba en

Trump ha ido erosionando el histórico muro entre la Iglesia y el Estado. Es solo el comienzo

Kraig Pakulski 0 14 Article rating: No rating

Por René Marsh y Steve Contorno, CNN

A primera vista, la reunión de diciembre de un panel gubernamental poco conocido parecía un trámite burocrático ordinario.

Pero luego, la junta asesora de la Oficina para la Protección Financiera del Consumidor abrió sus procedimientos de una manera inusual: con una oración cristiana.

La bendición fue pronunciada por un funcionario de la Casa Blanca. “Gracias por tu hijo, Jesús, que murió por nuestros pecados”, dijo el funcionario en un momento, según dos fuentes que asistieron a la reunión.

Bajo el presidente Donald Trump, momentos como este, poco frecuentes en Gobiernos recientes, se están volviendo habituales. Una serie de iniciativas de fe impulsadas por la Casa Blanca han derivado en un resurgimiento religioso sistemático dentro de las operaciones, la cultura y la política del Gobierno.

Se ha alentado a los estadounidenses a rezar durante una hora cada semana. Algunas agencias gubernamentales han abierto sus reuniones con oraciones o han organizado servicios religiosos de manera regular. Versículos bíblicos e imaginería cristiana aparecen ahora en cuentas oficiales del Gobierno en redes sociales.

Los cambios —predominantemente de carácter cristiano— han sido bien recibidos por organizaciones conservadoras que durante décadas han luchado contra un Gobierno cada vez más secular, mientras que han alarmado a defensores históricos de la separación entre Iglesia y Estado.

Tanto partidarios como críticos coinciden en que este giro religioso tiene pocos precedentes en la era moderna, y que podría ser solo el comienzo.

Desde el año pasado, líderes interreligiosos, activistas legales religiosos y aliados políticos cercanos del presidente han estado sentando las bases para una expansión más amplia del papel de la religión en la vida pública.

Para este verano, se espera que el grupo —la Comisión de Libertad Religiosa de Trump— produzca un plan de lineamientos de política que podría redefinir los límites entre el Gobierno y la religión en la vida estadounidense.

“Tenemos que traer de vuelta la religión a Estados Unidos”, dijo Trump a la comisión el año pasado. “Traerla de vuelta más fuerte que nunca”.

Las discusiones de la comisión sobre cómo cumplir el mandato de Trump han incluido impulsar de forma agresiva acciones legales contra Gobiernos estatales y locales acusados de bloquear la expresión religiosa y de retener fondos federales para escuelas de educación básica hasta el décimo segundo grado, consideradas hostiles a la fe. Esto último refleja la presión que Trump ha ejercido sobre universidades acusadas de no proteger a estudiantes judíos frente a la discriminación.

También han considerado formas de alentar a la Corte Suprema a revisar precedentes de hace décadas que rigen la cláusula de establecimiento de la Primera Enmienda, la cual prohíbe al Gobierno de Estados Unidos establecer una religión oficial o favorecer una religión sobre otras.

Aunque la comisión cuenta con representantes de diversas confesiones, y participan comunidades judías y musulmanas, sus corrientes más fuertes se inclinan hacia posturas conservadoras dentro del cristianismo.

Algunos participantes —incluido Trump— han lamentado la disminución de la presencia de la Biblia en las escuelas.

Un integrante, el psicólogo televisivo Phil McGraw, conocido como “Dr. Phil”, ha enmarcado el trabajo de la comisión en términos más contundentes.

“Estamos en una guerra religiosa y cultural en este momento, y cada uno de nosotros es un combatiente”, dijo McGraw, amigo cercano de Trump, durante una reunión en septiembre. “Nadie puede darse el lujo de quedarse al margen”.

Presidentes anteriores han supervisado periodos de resurgimiento religioso en el Gobierno, como cuando Dwight Eisenhower firmó disposiciones para añadir “under God” al Juramento de Lealtad y “In God We Trust” al papel

Lutnick’s Epstein ties raise concerns on Wall Street — but not in the White House

Kraig Pakulski 0 23 Article rating: No rating

By Jeremy Herb, Adam Cancryn, Matt Egan, CNN

(CNN) — When Howard Lutnick had a problem in 2018, he turned to his next-door neighbor for help: Jeffrey Epstein.

Lutnick emailed Epstein’s assistant in May 2018 about a proposed expansion to the Frick Collection, a museum one block south of Lutnick’s and Epstein’s adjacent townhouses on East 71st Street in Manhattan.

“Are you aware as to them building to block our park views. What should we do about it? Time is of the essence,” wrote Lutnick, who was then the CEO of Wall Street firm Cantor Fitzgerald.

“No i was not,” Epstein responded after his assistant forwarded Lutnick’s email.

The email exchange shows that Lutnick, now President Donald Trump’s commerce secretary, communicated with Epstein more than a decade after he claimed he cut off all contact with the convicted sex offender who died in 2019.

A CNN review of the Epstein documents show numerous interactions between the two men, including an invitation from Lutnick to attend a Hillary Clinton fundraiser in 2015, a $50,000 donation from Epstein for a 2017 dinner honoring Lutnick, a 2013 business venture both invested in, and multiple emails in which Lutnick set up a 2012 visit to Epstein’s infamous Caribbean island with his wife, nannies and children.

Lutnick, the highest-ranking Trump administration official prominently named in the Epstein files — outside of the president himself — has faced calls for his resignation on Capitol Hill, where he was grilled Tuesday during a Senate hearing over his ties to Epstein and confirmed he visited Epstein at his island with his family for lunch. Lutnick has not been accused of any wrongdoing related to Epstein.

Interviews with executives and others on Wall Street, where the former Cantor Fitzgerald CEO is viewed skeptically in some corners, show that the Epstein disclosures have sparked a fresh round of questions about Lutnick’s future and his role as cheerleader of Trump’s tariff-driven trade agenda.

“Lutnick was grossly deceptive. And it’s not an ambiguous call,” Jeffrey Sonnenfeld, founder of the Yale Chief Executive Leadership Institute, said of Lutnick’s claims he ended all contact with Epstein in 2005. “Every CEO who shakes hands with Howard Lutnick will want to wash them afterwards.”

But inside the White House, there’s no indication that Lutnick — perhaps one of the few Cabinet secretaries Trump considers a personal friend — will face any repercussions. Lutnick traveled with the president on Friday on Air Force One to Fort Bragg, North Carolina, where Trump gave his commerce secretary a shoutout during his speech.

If the president’s support for Lutnick ever wavers, it won’t be over the Epstein files — an issue that Trump has sought unsuccessfully to bury for months, including urging Americans earlier this month to “get onto something else,” people familiar with internal White House discussions told CNN.

A Commerce Department spokesperson said in a statement: “This is nothing more than a failing attempt by the legacy media to distract from the administration’s accomplishm

Día de los Presidentes: ¿qué se celebra y cuál es el origen de este feriado de EE.UU.?

Kraig Pakulski 0 18 Article rating: No rating

Por Francisco Guzman y Saeed Ahmed, CNN

Este lunes es el Día de los Presidentes y el cumpleaños de George Washington. Pero, ¿es en realidad así?

Los estadounidenses no han celebrado el natalicio del primer presidente del país durante su verdadera fecha de nacimiento por más de 50 años. En vez de eso, en Estados Unidos se celebra el Día de los Presidentes el tercer lunes del mes de febrero.

Esta es la explicación.

¿No te gustaría celebrar tu cumpleaños dos veces en un mes? Washington hizo eso durante su presidencia.

Nació el 11 de febrero de 1732, en el calendario juliano, que se usaba en ese momento. Pero cambió cuando Inglaterra y sus colonias adoptaron el calendario gregoriano en 1752. Su cumpleaños se trasladó al 22 de febrero.

En el calendario gregoriano, se agrega un día al calendario cada cuatro años para sincronizarlo con el año solar. Conocemos ese día extra como un día bisiesto.

Los estadounidenses celebraron el natalicio de Washington en ambas fechas durante su presidencia entre 1789 y 1797. En 1885, se estableció el 22 de febrero como día festivo por el cumpleaños de Washington.

Todo esto cambió 100 años después.

En 1968, el Congreso debatió si deberían combinarse las celebraciones de los cumpleaños de Washington y Abraham Lincoln, quien nació el 12 de febrero, en un día festivo llamado Día de los Presidentes.

Pero los legisladores de Virginia, el estado de donde Washington es oriundo, se opusieron y la iniciativa no prosperó. No obstante, el Congreso aprobó ese año la Ley de lunes festivos.

Esta ley ubicaba la mayoría de los días festivos en el país en los lunes, de manera que los estadounidenses tuvieran ocasionalmente fines de semana de tres días.

Al final, este proyecto de ley entró en vigor en 1971 y desde entonces la celebración del cumpleaños de Washington se movió del 22 de febrero al tercer lunes de febrero.

Pero no todos los estados celebran el Día de los Presidentes.

Virginia todavía lo llama el Día de Washington; Alabama lo llama el Día de Washington y Jefferson y Montana lo llaman el Cumpleaños de Lincoln y Washington.

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