Por Flora Charner, CNN
En las primeras horas de la madrugada del 11 de diciembre, una multitud se congregaba frente al Grand Hotel de Oslo, Noruega. Realizaban una vigilia, iluminando el lugar con las linternas de sus teléfonos en lugar de velas y cantaban en voz alta en español. Una figura salió del balcón decorado con luces navideñas: María Corina Machado, la líder opositora venezolana que había vivido en la clandestinidad durante 16 meses y que ahora era recibida con el himno nacional de su país.
Contra todo pronóstico y a gran riesgo personal, viajó desde un lugar desconocido en Venezuela hasta Oslo, donde le fue otorgado el Premio Nobel de la Paz 2025. No llegó a tiempo para la ceremonia, se la perdió por unas horas, pero su hija Ana Corina Sosa Machado aceptó el galardón en su nombre y leyó ante la audiencia en el Ayuntamiento de la Ciudad de Oslo el discurso que ella había preparado.
“Para tener democracia debemos estar dispuestos a luchar por la libertad”, leyó Sosa. “La libertad es una elección que debe renovarse cada día, medida por nuestra disposición y nuestro coraje para defenderla”.
Machado, de 58 años, ha sido amenazada, acusada de traición, detenida temporalmente y golpeada en su búsqueda de libertad. Ha sido una crítica vocal del presidente Nicolás Maduro y del movimiento socialista chavista que ha gobernado el país sudamericano los últimos 26 años. Se ha alineado con el presidente Donald Trump y con otras figuras de la derecha, como el presidente de Argentina, Javier Milei, y el partido Likud de Israel, y ha celebrado la intervención de Estados Unidos en Venezuela.
Ahora Maduro está fuera del poder y recluido en una cárcel de Nueva York después de que fuerzas especiales de Estados Unidos lo capturaron y arrestaron junto con su esposa Cilia Flores el 3 de enero.
Trump dijo que “dirigiría” Venezuela y ha estado trabajando con la exvicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, quien ahora es la presidenta interina del país y a quien llamó una “aliada”.
En las horas siguientes a la detención de Maduro, Trump les dijo a los reporteros que Machado no tenía el “respeto” necesario para liderar el país. Luego sugirió que ella podría estar involucrada en “algún aspecto de esto” sin entrar en detalles. Ahora que Machado se reúne con Trump en Washington este jueves, ¿logrará encontrar la manera de asegurarse un papel para ella y para la oposición en esta nueva Venezuela? ¿Trabajará con la presidenta interina y con los funcionarios chavistas a quienes ha enfrentado durante décadas?
Machado nació en la capital de Venezuela, Caracas, el 7 de octubre de 1967. La mayor de cuatro hermanas, estudió ingeniería industrial y finanzas antes de entrar en la política.
Apodada la “Dama de Hierro”, su retórica frontal y sin rodeos se volvió emblemática de su ascenso político. En 2002, cofundó la organización sin fines de lucro Súmate junto al también ingeniero Alejandro Plaz y, dos años después, lideró el referendo revocatorio contra el entonces presidente Hugo Chávez. Chávez finalmente ganó con el 57 % de los votos frente al 43 % de la oposición y permaneció en el poder hasta su muerte en 2013. Súmate denunció que hubo fraude electoral, pero observadores internacionales del Centro Carter y de la Organización de Estados Americanos certificaron los resultados.
Poco después, Chávez acusó a Machado y a Plaz de traición y conspiración por presuntamente haber recibido más de US$ 100.000 del Gobierno de Estados Unidos y de la National Endowment for Democracy. Los cargos fueron finalmente desestimados tras postergarse el juicio. También fue tildada de traidora luego de viajar a Washington y reunirse en la Casa Blanca con el entonces presidente George W. Bush.
Machado continuó abriéndose camino en su lucha por el cambio en Venezuela y se postuló a un cargo legislativo en 2010, cuando fue electa diputada a la Asamblea Nacional por el estado Miran