Por Karen Esquivel, CNN en Español
Un video compartido en redes sociales muestra a una mujer con hiyab blanco, adornado con joyas doradas sobre la cabeza, y un caftán negro, una prenda tradicional de Marruecos, mientras interpreta una reconocida balada mexicana. Su voz mezcla el español con una cadencia influida por sus orígenes.
Es Assiya El Louahabi, quien encontró en la música mexicana una forma de agradecerle a México lo que, dice, el país y su gente le dieron tras salir de su natal Marruecos en 2017. Inició en el camino de la música con grabaciones sencillas, publicadas en redes sociales, que poco a poco se transformaron en un proyecto que hoy conecta con miles de seguidores.
Entre baladas y corridos, su historia cruza fronteras y refleja cómo su identidad, la gratitud y la música pueden unirse en una misma voz.
Assiya Lolu, como es conocida en redes sociales, tenía algo claro: quería salir de su país porque su forma de pensar no coincidía con la religión, los valores que le inculcaron, ni con el rol que se espera de la mujer. Si bien en los últimos años las mujeres han ganado presencia en la vida pública en Marruecos, las normas tradicionales que limitan su papel aún marcan su día a día y persisten desafíos vinculados con la desigualdad, la autonomía económica y el peso de las costumbres.
“A los 18 años me escapé a México, porque no les agradaba tanto mi forma de pensar. Desde que era chiquita y veía novelas mexicanas o algo así, yo decía que quería ser como las mujeres y mi mamá me decía que no debía decir eso”, dice a CNN desde su casa en Los Ángeles, California.
Para poder venir a México, Assiya —de 28 años— se casó con un hombre de Afganistán más de 50 años mayor que ella. “Es lo que uno arriesga para llegar a México, fue la razón por la que me casé, yo lo único que quería era salir”, agrega.
Assiya llegó a Ciudad de México sin hablar español, pero con ganas de conocer el país y a su gente, sin embargo, cuenta que su esposo era muy celoso, le impedía salir de casa y la dejaba encerrada, hasta que un día logró escapar.
“Pasé por muchas cosas difíciles, no tenía dinero, pero pensé que eso no significaba que no pudiera salir adelante y dije: ‘si yo me arriesgué para venir a México, tengo que entrarle con todo y echarle ganas’”, recuerda
Muchas personas fueron solidarias con ella, le ayudaron a aprender español, le dieron trabajo sin tener experiencia y la aconsejaron para sobrevivir en la capital.
“Por eso yo amo mucho a México, porque su gente me soportó emocionalmente, económicamente. Me apoyaron en todo sentido. Por eso un día quiero regresarles todo lo que me han dado”, dijo Assiya.
Cuando se le terminó el poco dinero que tenía para sobrevivir y sin hablar español, salió a buscar trabajo haciendo uso de las pocas palabras que conocía. Después de caminar mucho por el centro de la capital, consiguió un trabajo como comerciante en el que ganaba lo suficiente para alimentarse y pagar el alquiler.
“Recuerdo que encontré a una persona que sí me dio trabajo, me pagaba 150 pesos (unos US$ 8 actualmente) al día y yo estaba muy feliz, en ese momento ese dinero era mucho para mí después de no tener nada. Y esa persona también me dijo ‘mira, apréndete estas palabras para vender’ y así poco a poco aprendí el idioma”, detalla.
Con el paso del tiempo, Assiya aprendió no solo a vender y a convencer a la gente de comprar, sino también a abrirse camino en una ciudad enorme donde al principio no conocía a nadie. En ese proceso fue dominando el idioma, ganó confianza y se adaptó a una realidad nueva, hasta que llegó el momento en que dio un paso más: emprender su negocio.
Además de ser un homenaje para el país que la recibió con los brazos abiertos, Asssiya dice que la música mexicana “me entró por las venas, es un sentimiento que me hacía vivir las h