Por Caleb Hellerman, CNN
La vida de Vita Sara Blechner cambió un sábado por la tarde. La bibliotecaria de una escuela secundaria estaba en su casa en Oceanside, Nueva York, cuando sintió un fuerte dolor en la espalda. Después de que una pastilla para el reflujo ácido no lograra aliviar la sensación de ardor, su esposo le sugirió ir a urgencias.
Era el 7 de marzo de 2020, pocos días antes de que la covid-19 convirtiera los hospitales de la ciudad de Nueva York en algo parecido a una zona de guerra. Si los médicos sabían lo que se avecinaba, no lo demostraron. Se mostraron tranquilos y serenos mientras le realizaban a Blechner, que entonces tenía 67 años, una ecografía y una tomografía computarizada. Pero las imágenes le cambiaron la vida por completo.
“Me dijeron que tenía un tumor en el páncreas. Y yo dije: ‘No, no puede ser. Esto no me puede estar pasando a mí. No bebo. No fumo. Llevo una vida sana’”.
Tras dos días de angustia en el hospital, Blechner regresó a casa y sopesó sus opciones. No había muchas. El cáncer de páncreas es tristemente célebre por su implacabilidad: solo 1 de cada 4 pacientes sobrevive un año después del diagnóstico. Solo 1 de cada 10 llega a los dos años.
Blechner sintió un nudo en el estómago al pensar en las cifras mientras ella, su esposo y sus tres hijos adultos hacían llamadas y buscaban información en internet, decidiendo su próximo paso. Se decantaron por un camino que la llevaría al vertiginoso y a menudo incomprendido campo de la investigación oncológica.
El ARN mensajero, o ARNm, es una molécula monocatenaria que transporta la información genética del ADN para dirigir la formación de proteínas. La mayoría de la gente lo conoce por las clases de ciencias en la escuela secundaria o por su uso en las vacunas contra la covid-19. Pero mucho antes de que se supiera de la covid-19, el ARNm ya generaba gran entusiasmo en la comunidad de investigación oncológica. BioNTech, la empresa alemana que diseñó la vacuna contra la covid-19 para Pfizer, adaptó dicha vacuna a partir de una plataforma que llevaba casi una década utilizando para desarrollar tratamientos contra el cáncer.
Las vacunas contra la covid-19 basadas en ARNm, producidas por Pfizer y Moderna, ayudaron a mitigar el impacto de la pandemia, pero también provocaron una fuerte reacción política que, en el último año, ha amenazado con retrasar o incluso paralizar decenas de posibles tratamientos contra el cáncer. Ahora, tras doce meses turbulentos, hay indicios de que el desarrollo de las vacunas de ARNm sigue en marcha.
“Es emocionante”, afirmó Elizabeth Jaffee, subdirectora del Centro Oncológico Integral Sidney Kimmel de la Universidad Johns Hopkins. “Se han obtenido varios éxitos en ensayos clínicos iniciales con resultados positivos”.
La Dra. Catherine Wu, profesora de medicina en el Instituto Oncológico Dana-Farber y la Facultad de Medicina de Harvard, señala que la reciente racha de resultados positivos en la práctica clínica impulsó el reciente anuncio del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) de que contribuiría a recaudar US$ 200 millones específicamente para nuevas vacunas contra el cáncer.
“Estamos recibiendo un gran apoyo del NCI para el desarrollo y la promoción de vacunas contra el cáncer, y las vacunas de ARNm constituyen una parte fundamental de esta cartera”, añadió.
Para guiar su tratamiento, Blechner recurrió a los médicos del Memorial Sloan Kettering Cancer Center, incluido el Dr. Vinod Balachandran, director del Centro Olayan para Vacunas contra el Cáncer del MSK.
Es más difícil crear una vacuna contra el cáncer que contra un virus o una bacteria, afirma Balachandran. “Esto se debe a que el sistema inmunitario de nuestro cuerpo está programado para reconocer los virus y patógenos como extraños, por lo que una vacuna enseña a nuestro cuerpo a hacer algo que ya está predispuesto a hacer. En cambio, el cáncer es parte d