Por Ashley Strickland, Jackie Wattles y Jacopo Prisco, CNN
Tras meses de expectativa, la monumental misión Artemis II —de 10 días de duración, que envió a cuatro astronautas en un sobrevuelo de la Luna que batió récords— concluyó. Es una “misión bien cumplida”, declaró el administrador de la NASA, Jared Isaacman, justo después del amerizaje.
La nave espacial Orion, que transportaba a los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, así como a Jeremy Hansen, de la Agencia Espacial Canadiense, amerizó en el océano Pacífico, frente a la costa de California, a las 8:07 p.m. (hora de Miami) del viernes.
La misión ha proporcionado imágenes sin precedentes de la Luna y de un eclipse solar especial, y ha ofrecido una visión única de lo que supone vivir dentro de una cápsula del tamaño de una autocaravana durante una semana y media junto a tres de tus amigos más cercanos.
Los compañeros de tripulación han compartido numerosas imágenes en directo desde el interior de Orion mientras hacían ejercicio y disfrutaban de sus comidas, así como reflexiones espontáneas sobre lo que llevarían la próxima vez; por ejemplo, sacos de dormir más abrigados y un ordenador de repuesto (dado que uno de los suyos no funcionó correctamente).
Asimismo, las elocuentes palabras de sabiduría —así como la “alegría lunar”, los momentos de jovialidad y otros de profunda emotividad, como el hecho de bautizar un cráter lunar en honor a Carroll, la difunta esposa de Wiseman— han logrado que personas de todo el mundo conecten con este vuelo espacial de una manera que se percibe distinta a la de cualquier otra misión anterior.
Tal como los astronautas repitieron a menudo, este fue un vuelo de prueba, y todo cuanto hicieron constituyó un experimento destinado a preparar futuras misiones. Mientras la NASA analiza los datos y fija su mirada en Artemis III, he aquí cinco conclusiones de este viaje de 10 días que llevó a Wiseman, Glover, Koch y Hansen más lejos en el espacio que a ningún otro ser humano en la historia.
Como cabía esperar, este vuelo de prueba puso de manifiesto varios problemas que deben resolverse, desde los de carácter trivial hasta los potencialmente perjudiciales.
El inodoro ha sido un punto conflictivo que ha dejado perplejos a los astronautas. La misión se vio afectada por dificultades para lograr que las aguas residuales se evacuaran por completo hacia el exterior de la cápsula, lo que en ocasiones dejó el inodoro inutilizable al llenarse el tanque de almacenamiento. La opción de respaldo carece de todo glamour, pues implica el uso de bolsas de plástico.
Aún no está claro qué provocó los problemas con el inodoro, pero la NASA ha declarado que planea solucionar el inconveniente antes del próximo vuelo de la nave Orion.
A lo largo de la misión, Orion también activó algunas alertas debido a sensores defectuosos. Sin embargo, los controladores de la misión han señalado que esto no representa una preocupación mayor.
Quizás resulte más inquietante un problema detectado en el módulo de servicio de Orion; este es el componente cilíndrico situado en la base de la cápsula tripulada, encargado de suministrar oxígeno, energía y propulsión durante todo el vuelo.
El problema se origina en una fuga dentro del sistema de propulsión del módulo de servicio, que afecta la presurización de los tanques de combustible.
La NASA sabía que podría haber fugas incluso antes de que Artemis II despegara, aunque los controladores de la misión confiaban en que el problema era limitado y no obstaculizaría la misión. Y así fue. Sin embargo, la fuga pareció agravarse cuando el módulo de servicio encendió su motor principal para la maniobra de inyección translunar, en el segundo día del vuelo, según Amit Kshatriya, admin