Análisis de Abbas Al Lawat y Mostafa Salem, CNN
Desde que comenzó la guerra con Irán, los Estados del Golfo han enfrentado una oleada de misiles y drones iraníes, lo que deja a sus líderes ante una decisión poco envidiable: enfadar a su aliado más cercano y garante de seguridad, o arriesgar la ira de un poderoso vecino con el que tendrán que convivir mucho después de que termine la guerra.
Durante el fin de semana, la Guardia Revolucionaria de Irán reconoció que cerca del 40 % de su poder de fuego se dirigió contra Israel, mientras que la mayoría tuvo como objetivo a sus vecinos árabes. Más de 2.000 proyectiles han sido lanzados contra países del Golfo.
Ambas partes del conflicto parecen estar utilizando los ataques contra el Golfo a su favor. Irán espera que golpear a los Estados del Golfo los aleje de Estados Unidos, mientras que Estados Unidos e Israel parecen utilizar los ataques iraníes para presionar a los Gobiernos árabes a que se unan a la guerra.
Kamal Kharrazi, un influyente asesor de política exterior del líder supremo de Irán, dijo a CNN que los ataques continuarían con el objetivo de presionar a los Estados del Golfo para que convenzan al presidente de EE.UU., Donald Trump, de dar marcha atrás en el conflicto.
La semana pasada, Trump dijo a CNN que ver a los aliados árabes de Estados Unidos golpeados por Irán había sido “la mayor sorpresa” de la guerra, y agregó que los ataques llevaron a los Estados del Golfo a “insistir en participar”.
Sin embargo, las naciones árabes del Golfo han dicho repetidamente que no desean unirse a la guerra.
El senador republicano y aliado de Trump Lindsey Graham ha sido el más explícito al presionar a los aliados árabes de Washington para que participen. Tras un viaje a Israel, cuestionó por qué Estados Unidos debería defender a socios como Arabia Saudita si se niegan a participar en lo que describió como una lucha compartida contra Irán. Si no lo hacen, “habrá consecuencias”, advirtió.
Los líderes regionales han evitado en gran medida responder públicamente a esa presión. Pero el multimillonario y magnate empresarial de Dubai, Khalaf Al Habtoor, dejó entrever el sentir en el Golfo al responder a los comentarios de Graham.
“Sabemos muy bien por qué estamos bajo ataque, y también sabemos quién arrastró a toda la región a esta peligrosa escalada sin consultar a quienes llama sus ‘aliados’ en la región”, escribió en X antes de borrar la publicación.
Los Estados del Golfo desconfían profundamente de verse arrastrados a una guerra más amplia cuyas consecuencias a largo plazo podrían tener que gestionar solos.
Existe la percepción en el Golfo de que, al ir a la guerra con Irán, el Gobierno de Trump priorizó la seguridad de Israel sobre la de sus aliados árabes, dijo Hasan Alhasan, investigador principal de política de Medio Oriente en el International Institute for Strategic Studies.
“Esa desconfianza probablemente será un obstáculo para que los Estados del Golfo se unan a una acción ofensiva”, dijo.
Los Estados del Golfo son muy conscientes de la difícil posición en la que se encuentran.
“Al final del día, son vecinos”, dijo a CNN un funcionario de Emiratos Árabes Unidos, en referencia a Irán. Las relaciones con Teherán eventualmente tendrán que normalizarse, incluso si se necesitan décadas para reconstruir la “enorme brecha de confianza”, añadió.
Las fuerzas estadounidenses eventualmente “empacarán y se irán” de Medio Oriente, mientras que Irán seguirá siendo un vecino permanente, dijo Bader Al Saif, profesor de historia en la Universidad de Kuwait.
“Se fueron de Afganistán. Se están yendo de Iraq, y también se irán de nuestra región. Así que necesitamos