Por Jennifer Hansler, CNN
El secretario de Estado, Marco Rubio, y el principal asesor de la Casa Blanca, Stephen Miller, intentaron este jueves pintar un panorama sombrío de la amenaza del “terror de extrema izquierda” para Estados Unidos, al tiempo que instaban a diplomáticos de todo el mundo a “defender” sus civilizaciones contra el “flagelo”.
En unas declaraciones centradas casi por completo en Estados Unidos, Miller habló de la necesidad de combatir el “cáncer mortal de la civilización”, afirmando que el llamado terrorismo de izquierda, cuando se le “deja seguir su curso, siempre se convierte en un gulag”. Sostuvo que los sistemas político, legal y judicial de Estados Unidos no funcionan “si la amenaza de violencia y terror continúa sin control”. Y denunció a los manifestantes de Antifa como “deformes”, diciendo: “Su apariencia exterior se convierte en una manifestación de su odio interior”.
“El mayor riesgo que tenemos es que nuestras instituciones se han vuelto demasiado blandas y demasiado cobardes como para poder defenderse de una amenaza mortal”, dijo Miller este jueves en el Departamento de Estado ante una sala llena de representantes de más de 60 países y de otros funcionarios del Gobierno de Trump. “Si tu civilización es tu hogar, debes defenderla con la misma pasión y fuerza que si un intruso enemigo estuviera dentro de tu propia casa donde vive tu familia”.
La lucha contra el supuesto auge de “extremistas violentos de izquierda, incluidos anarquistas y antifascistas”, es una prioridad clave del Gobierno de Trump, que ha argumentado que constituyen una de las principales amenazas terroristas para Estados Unidos.
Sin embargo, múltiples exfuncionarios dijeron que el tema ha sido politizado por el Gobierno y que la amenaza de la “extrema izquierda” no alcanza el nivel de la que plantean grupos como ISIS o los extremistas de derecha, estos últimos ausentes por completo de la estrategia antiterrorista del Gobierno publicada en mayo. Y los críticos han expresado su preocupación de que la estrategia sea un intento de amplificar la amenaza y apuntar contra quienes están en la izquierda política y se oponen a las políticas del presidente Donald Trump.
Rubio dijo que la amenaza había sido desestimada “como un delirio febril de la derecha o, peor aún, como una peligrosa conspiración fascista”, pero que su resurgimiento es “una realidad innegable” comparable a los ataques de izquierda de la década de 1970.
“Pueden llamarse anticapitalistas o antiimperialistas, comunistas, o anarquistas, o marxistas, pero el carácter fundamental es siempre el mismo”, dijo Rubio.
Rubio instó a los países presentes en la sala a trabajar con Estados Unidos para “identificar y cartografiar esta amenaza y reconstruir nuestra arquitectura antiterrorista para derrotarla”.
“Mediante inteligencia e intercambio de información, mediante una estrategia coordinada de aplicación de la ley, mediante la focalización y la interrupción financieras, desmantelaremos estas redes ladrillo por ladrillo”, dijo.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, quien también habló en la sesión inaugural, dijo que su departamento estaba “ampliando sus esfuerzos para identificar organizaciones que abusan de estructuras benéficas y sin fines de lucro como vehículos para el financiamiento ilícito” del supuesto terrorismo de extrema izquierda.
La convocatoria de Rubio del encuentro ministerial se produce no solo cuando el asunto se ha convertido en un foco doméstico clave para el Gobierno, sino también en medio del creciente rumor sobre el posible futuro político del principal diplomático estadounidense.
Sesenta y siete países asistieron al evento, dijo este jueves un portavoz del Departamento de Estado. Representaban a países mayoritariamente de Europa, aunque hay países de Asia y del hemisferio occidental con representantes. Israel es el único país de Medio Oriente pres