Por Karen Esquivel, CNN en Español
Lo que comenzó como unas vacaciones en un pueblo de México se convirtió en un viaje de ida y vuelta entre dos países, marcado por el amor, una pérdida dolorosa y mucha espera. Durante años, Yesica Aramburo y Ramón Vega sostuvieron su relación entre aeropuertos, procesos migratorios y duelo, hasta que una green card aprobada les permitió, por fin, vivir en el mismo lugar la historia que habían construido a distancia.
Yesica Aramburo viajó de vacaciones a México en abril de 2017 a las fiestas del pueblo de su familia en La Moncada, Guanajuato, en el centro del país. Nunca pensó que esa breve visita le cambiaría la vida y la llevaría a encontrar el amor.
Aramburo tenía entonces 20 años y aún cursaba sus estudios en Chicago, pero la emoción de vivir en persona todo lo que su familia le contaba sobre las festividades la hizo hacer el viaje con sus padres mexicanos, que migraron a EE.UU. Fue precisamente ese viaje el que la llevó a conocer a Ramón Vega, detallista automotriz.
Pese a ese primer encuentro, el amor llegó un poco más tarde.
Aquel 2017, Yesica regresó a Chicago a continuar sus estudios en Contabilidad, pero nació en ella la inquietud de regresar a la tierra de sus padres por un periodo más largo. “Como cuando estaba chiquita y me quedaba con mis papás dos o tres meses de vacaciones”.
La estadounidense, de 29 años, tiene un profundo amor por México desde muy pequeña. Relata que le gusta lo colorida que es la vida del otro lado de la frontera, la forma de ser de las personas, la comida, las fiestas patronales, la convivencia.
“A mí me encanta México. Cuando era pequeña lloraba y le preguntaba a mis papás por qué no podíamos vivir en México. Allá, aunque la gente viva muy sencilla, te sientes tan llena de tanto, no sé cómo explicarlo, como si tuvieras todo el mundo”, dice.
En enero de 2018 volvió a México con la idea de permanecer algunos meses. Entonces, ella y Ramón se reencontraron, tenían citas, salían juntos, pero ninguno se sentía preparado para tener una relación seria. Ella regresó a Chicago, él se quedó en Guanajuato y poco tiempo después ambos comenzaron relaciones con otras personas.
Corría el mes de septiembre de 2020 cuando Yesica volvió a México y se encontró, una vez más y de manera definitiva, con el hombre con el que tendría un bebé, aunque las cosas no salieron como esperaban.
A partir de ese momento, la distancia en su relación se hizo presente. Ella regresó a Chicago en las fiestas decembrinas para darle la noticia a su familia y permaneció ahí hasta febrero de 2021, cuando tomó un vuelo a México para hacer la fiesta de revelación de sexo de su bebé.
Al mes siguiente, en México, Yesica tuvo complicaciones que la hicieron acudir con un médico que le recomendó tener reposo y volver a Estados Unidos porque estaba perdiendo líquido amniótico y no podían hacer nada para ayudar a su bebé debido a que no es una situación común.
“Entonces regresé a mi casa, pasaron algunas noches cuando se me salió todo el líquido, tuve que ir al hospital y mi bebé nació el 11 de abril de 2021, mi bebé tenía 20 semanas; lo tuve conmigo media hora y lo pude bautizar, después murió”, recuerda.
En esos momentos, lo más difícil para Yesica fue estar lejos de su pareja, saber que, aunque quisieran estar juntos en duelo por su bebé, no podían porque él no tenía visa para ir a visitarla.
“Fue muy difícil para mí porque me tocó hacer todo sola, tampoco podía correr a verlo y aunque él me apoyaba no estaba físicamente. Yo tenía citas en el doctor, tampoco pudimos enterrar a nuestro bebé, lo cremamos porque yo no quería quitarle la oportunidad de estar en ese momento”, explica.
Cuando terminaron sus citas médicas y con la tristeza a cuestas, Yesica viajó a Guanajuato con las cenizas de su bebé en una pequeña urna con forma de corazón y sin una fecha de regres