Por Terry Ward, CNN
Liz Fitzgerald se crió cerca de Boston y los elementos de la cultura italoestadounidense estuvieron presentes durante gran parte de su vida.
Cada Nochebuena, su tío visitaba la casa familiar para celebrar la Fiesta de los Siete Peces, para lo que traía platos como camarones rellenos, calamares y sopa de almejas, mientras sus tías vertían la masa en planchas humeantes para preparar las crujientes galletas italianas tipo gofre llamadas pizelle. La contribución de su padre siempre era una tarta de ricotta de una panadería italiana local.
La familia tiene raíces italianas por su bisabuelo, Angelo, que nació en 1890 cerca de Nápoles y llegó a Estados Unidos en 1909. No se naturalizó como ciudadano estadounidense hasta 1945, varios años después del nacimiento del padre de Fitzgerald.
Cuando se dio cuenta hace varios años de que tenía un camino hacia la ciudadanía italiana gracias a él a través del ius sanguinis o “derecho de sangre”, Fitzgerald, de 53 años, se dispuso a recopilar los documentos para presentar su caso.
Había reunido todos los documentos necesarios, los había traducido y apostillado y estaba lista para presentarlos a fines de marzo de 2025 cuando ella (y miles de otras personas en todo el mundo que también estaban en proceso de solicitar la ciudadanía italiana) se vieron sorprendidas por un cambio repentino en la ley.
Un decreto sorpresa, puesto en vigor inmediatamente el 28 de marzo de 2025 por el Gobierno de Italia, endureció las normas para reclamar la ciudadanía a través del ius sanguinis, y limitó su acceso solo a las personas con un padre o abuelo nacido en Italia.
Y aunque la nueva regulación, conocida como Decreto Tajani (convertido en Ley 74/2025), no afectó las solicitudes de aproximadamente 60.000 personas que estaban pendientes en ese momento en los consulados y tribunales italianos, efectivamente cerró el camino para personas como Fitzgerald.
Pero hay un rayo de esperanza en el horizonte para las personas que aún esperan obtener la ciudadanía italiana a pesar de no calificar ya bajo las nuevas regulaciones: el 11 de marzo hay una audiencia programada en el Tribunal Constitucional de Italia para juzgar la constitucionalidad de la ley.
“Muchos estadounidenses y otras personas de ascendencia italiana se encuentran en una situación de espera en este momento, porque el Tribunal Constitucional aún podría revertir o suavizar partes clave del decreto cuando escuche el caso en marzo”, dijo Pierangelo D’Errico, gerente de la oficina de Londres de la firma de inmigración Fragomen.
“Hasta que el Tribunal se pronuncie, los solicitantes se enfrentan a una incertidumbre real, tanto sobre si califican como sobre cuánto tiempo puede tardar en procesarse sus solicitudes”, dijo en un correo electrónico a CNN.
Kristina Scanlan, médica residente en Pensilvania, también estaba reuniendo la documentación para solicitar la ciudadanía italiana a través de su tatarabuela cuando se anunció el Decreto Tajani el año pasado. Aunque todo estaba prácticamente listo, comentó, el caso aún no se había presentado cuando entró en vigor la nueva normativa.
“Devastada, en una palabra”. Así describió Scanlan su reacción al enterarse de que ella, su madre, su hermana, su tío y dos primos, que figuraban en la misma solicitud, ya no cumplían los requisitos. Ella y su esposo, quien también cumplía los requisitos para obtener la ciudadanía italiana según las normas anteriores, ya habían hablado de las ventajas de que sus futuros hijos tuvieran pasaportes italianos, y Scanlan también había considerado trabajar algún día como médica en Italia.
Después de discutir el asunto con su abogado, ella y su familia decidieron seguir adelante con su solicitud, que fue presentada en