Por Hugo Manu Correa, CNN en Español
Son dos equipos temibles. Su nivel de excelencia es colosal. Sus respectivos diseños de juego rozan la perfección, depredando a cuanto rival se les presente. El Arsenal de Mikel Arteta y el Bayern Munich de Vincent Kompany son claramente los dos mejores equipos del fútbol europeo por estos días. Así lo han demostrado en la fase de liga de la Champions League, donde terminaron en el primer y segundo puesto, respectivamente.
A eso se le suma el excelente andar en sus respectivas ligas, la Premier League y la Bundesliga, donde ambos lucen empoderados e imperiales, siendo amos absolutos desde la primera fecha.
En el primer impacto visual que se tiene viendo al Arsenal de Arteta se advierte el nivel superlativo de un equipo colosal. Es una escuadra rocosa y mecanizada.
Debajo del iceberg que sostiene la estructura del equipo dirigido por el español, se encuentra un nivel de trabajo quirúrgico, donde el nivel de obsesión es abrumador, y una disección del trabajo que le ha dado dominio absoluto en el fútbol europeo. Ahora bien, lo que sustenta a ese tren arrollador es lo más importante: la jerarquía apabullante de sus intérpretes.
La materia prima del equipo del norte de Londres son piezas de rubíes que enamoran la vista. En un rápido repaso encontramos a Gabriel Magalhaes, Declan Rice, Martin Odegaard, Bukayo Saka, Gabriel Jesus y Leandro Trossard, entre otros. Pero pesar de un gran plantel, el título se le hizo esquivo en la pasada campaña.
Sucumbir ante el Liverpool en la última Premier League llevó a Mikel Arteta a no quedarse en el lamento. Se focalizó en fortalecer su plantel. En el último mercado de pases llegaron intérpretes que elevaron la espesura de un plantel que no hizo más que volverse más poderoso.
Sumó a Noni Madueke y Kepa Arrizabalaga, procedentes del Chelsea, Piero Hincapié, que llegó del Bayer Leverkusen, Eberechi Eze, quien arribó del Crystal Palace, Christian Norgaard, del Brentford, Victor Gyökeres, del Sporting Lisboa, Chistian Mosquera, del Valencia, y Martin Zubimendi, procedente de la Real Sociedad.
Este fortalecimiento en la savia del plantel llevó a ajustar esa pieza de relojería que es el trabajo del estratega español. El equipo ganó en variantes técnicas, y esa calidad en el verde césped se cristalizó en un mayor volumen de juego y calidad para someter a los rivales.
Arteta es un técnico ultramoderno, que no solo no deja nada al azar, sino que incorpora saberes de otras disciplinas. Todo ese enciclopédico saber lo arroja a sus intérpretes, que siguen un plan predeterminado con resultados que están a la vista. Es el cómodo líder de la Premier League con 53 puntos (seis más que su escolta, el Manchester City) y ya ha dejado su tatuaje en la Champions League, con ocho triunfos en igual cantidad de presentaciones.
En la mente de Mikel Arteta todo está pautado, con una línea preestablecida, donde el nivel de perfeccionismo abruma. Las acciones en el campo de juego de este equipo son previsibles, repetibles y mecánicas. El nivel de automatismo, optimización y eficiencia lo ha llevado a rozar la perfección.
En el laboratorio del cuerpo técnico se organiza un plan donde se fragmenta, divide y analiza cada sección del equipo. Arteta estructuró un cuerpo técnico que está conformado por el argentino Gabriel Heinze, excompañero del español en el PSG, que se encarga de ajustar todos los aspectos defensivos; el danés Thomas Gronnemark, quien se encarga de los laterales; y el alemán Nicolas Jover, quien trabaja a su vez en la pelota parada. Precisamente, este último punto es algo que se va haciendo común en la Premier League, donde 15 de los 20 equipos tienen un especialista en la preparación. Otro detalle que obsesiona a Arteta son los jugadores que poseen el dominio de la pierna izquierda: el 44% de su plantel son zurdos.
“Tengo tres hijos y dos son zu