Análisis por Stefano Pozzebon, CNN en Español
Dos semanas después del sorpresivo operativo estadounidense en Caracas que llevó a la captura de Nicolás Maduro, la confrontación política sobre el futuro de Venezuela se está consolidando rápidamente en torno a dos líderes, ambas mujeres, que representan diferentes visiones para su país: la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, que representa la continuidad con la vieja guardia de Maduro, aunque dentro de la órbita geopolítica estadounidense, y la líder opositora María Corina Machado, quien ha hecho campaña para que su país recupere la libertad y la democracia, cueste lo que cueste.
Para ambas líderes, el apoyo de —o al menos un entendimiento con— el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, es fundamental, ya que él puede levantar las sanciones económicas que ahogan la economía venezolana con solo una firma, o incluso extraer a otros miembros del Gobierno que enfrentan cargos en Estados Unidos y enviarlos al Metropolitan Detention Center tal como hizo con Maduro el 3 de enero.
Machado acaparó los titulares la semana pasada con su visita a la Casa Blanca, donde presentó su medalla del premio Nobel de la Paz a Trump, aunque fue recibida sin demasiada pompa y salió de allí con una bolsa de regalos y una sesión de fotos, pero sin un apoyo concreto. Sin embargo, los acontecimientos recientes en Washington y Caracas sugieren que es Rodríguez quien lleva la ventaja en este nuevo choque.
La líder conservadora es una política hábil y una incansable activista. La última persona que cometió el error de subestimar la determinación de Machado y su capacidad para convertir una desventaja en ventaja ahora lleva esposas en las muñecas.
Sin embargo, estas son cuatro señales de que Rodríguez está ganando impulso, al menos por ahora.
Cualquier líder mundial puede dar fe de lo importante que es una relación personal y efusiva para Trump, solo hay que preguntarle al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski.
A Delcy Rodríguez le faltaba uno de estos elementos, hasta la semana pasada.
El miércoles, Trump sorprendió a muchos conocedores venezolanos diciendo que mantuvo una llamada telefónica con la líder venezolana interina y la elogió como una “persona magnífica”.
Hasta esta semana parecía que Machado, quien ha hablado con funcionarios estadounidenses durante años y mantiene una relación personal sólida con el secretario de Estado, Marco Rubio, iba a ser la socia preferida, al menos en el plano personal. Sin embargo, ahora Rodríguez también puede presumir de una conexión directa con el inquilino de la Casa Blanca.
El 9 de enero, Trump invitó a varios ejecutivos petroleros a presentar propuestas de inversión en la deteriorada industria petrolera venezolana.
Muchos asistieron, pero pocos participaron, y el CEO de Exxon, Darren Woods, lo resumió para todos al decir que los “marcos legales y comerciales (…) existentes hoy” hacen de Venezuela “un país no invertible”.
El jueves, Rodríguez se puso manos a la obra y anunció una reforma a la Ley de Hidrocarburos que regula la extracción de petróleo en Venezuela.
Mientras Maduro había estado considerando una reforma similar durante años, Rodríguez rompió el estancamiento en menos de una semana, demostrando su disposición a atender los llamados de Washington.
El mismo día que anunció las reformas legales, Rodríguez también dio la bienvenida al director de la CIA, John Ratcliffe, en Caracas. Las fotos filtradas al día siguiente mostraban un ambiente relajado y cordial —la n