Por Yoonjung Seo, Gawon Bae y Brad Lendon, CNN
Corea del Sur quiere unirse a la élite naval submarina y ha recibido el visto bueno del presidente de EE.UU., Donald Trump, para hacerlo.
Que Seúl se convierta en el séptimo país del mundo en operar submarinos de propulsión nuclear —uniéndose a Estados Unidos, Rusia, China, Francia, el Reino Unido y la India— podría ser beneficioso para ambas partes.
Corea del Sur podría contrarrestar de manera más efectiva los movimientos de Corea del Norte o de China en las aguas alrededor de la península coreana; y eso permitiría a los submarinos de ataque de propulsión nuclear de la Marina de EE.UU. concentrarse en patrullas en puntos críticos como el mar de China Meridional y las aguas alrededor de Taiwán.
A ambos lados del Pacífico, la construcción de estos buques podría significar miles de empleos manufactureros bien remunerados, beneficiando a las economías de EE.UU. y Corea del Sur.
“Para Corea del Sur, esto sería un cambio radical para contrarrestar la amenaza submarina de Corea del Norte”, dijo Yu Jihoon, investigador del Instituto Coreano de Análisis de Defensa y ex oficial de submarinos surcoreano.
Los submarinos de propulsión nuclear “podrían transformar el papel de Corea del Sur dentro de la alianza, convirtiéndola en un proveedor de seguridad más capaz, por lo que las implicaciones estratégicas para la alianza Corea del Sur-EE.UU. son aún más significativas”, añadió.
Pero, como suele ocurrir en la construcción naval, el diablo está en los detalles.
Los submarinos de propulsión nuclear (SSN, por sus siglas en inglés) tienen muchas ventajas. Pueden permanecer sumergidos durante largos períodos —prácticamente durante años, si llevan suficientes provisiones para la tripulación—, mientras que la mayoría de los submarinos convencionales deben salir a la superficie para tomar aire y hacer funcionar los motores diésel, que a su vez cargan las baterías para operar en profundidad.
También suelen ser más rápidos que los submarinos convencionales y, en muchos casos, más silenciosos.
Adquirirlos ha sido un deseo de décadas del Gobierno surcoreano.
Pero Seúl ha enfrentado un obstáculo clave: bajo un acuerdo nuclear con EE.UU. de hace décadas, no se le permite reprocesar combustible nuclear gastado, a pesar de tener la tecnología para hacerlo.
Funcionarios surcoreanos han discutido el tema con Gobiernos estadounidenses anteriores, pero siempre a puerta cerrada.
Por eso, cuando el presidente de Corea del Sur, Lee Jae Myung, mencionó el deseo de su Gobierno de que EE.UU. levante la prohibición, durante sus conversaciones abiertas con Trump a fines de octubre, muchos se sorprendieron.
Al día siguiente de la solicitud de Lee, Trump pareció aprobarla. “Les he dado aprobación para construir un submarino de propulsión nuclear, en lugar de los submarinos diésel, antiguos y mucho menos ágiles, que tienen ahora”, escribió en Truth Social.
En su solicitud pública a Trump, Lee dijo que “quería rastrear mejor los submarinos en los mares cercanos a Corea del Norte y China”.
Dijo que el menor tiempo de inmersión de los submarinos diésel limita cuánto tiempo los submarinos surcoreanos pueden seguir a los de China, que tiene submarinos de ataque de propulsión nuclear, y a Corea del Norte, que está en proceso de desarrollarlos.
Lee le dijo a Trump que este plan, si se aprueba, podría ayudar a Washington ya que “reduciría significativamente la carga sobre las fuerzas estadounidenses” alrededor de la península coreana.
La Marina de EE.UU. ciertamente podría usar ayuda bajo las olas.
Hablando ante una subcomisión de la Cámara de Representantes de EE.UU., en 2019, el entonces jefe del Comando Indo-Pacífico de EE.UU., almirante Philip Davidson, hizo una evaluación contundente de los desafíos que enfrenta Washington.
“Hay 400 submarinos ex