Por Jeremy Diamond y Abeer Salman, CNN
Ali al-Samoudi baja con cautela los escalones que conducen a su casa.
El periodista palestino de 59 años está demacrado, con el pelo gris muy corto y una barba del mismo color.
Cada paso cauteloso que da revela las secuelas físicas de todo lo que ha sufrido, que lo han envejecido prematuramente.
Hemos trabajado con Samoudi durante años, y esta es la primera vez que lo vemos en persona en más de 12 meses. Casi no lo reconocemos.
Samoudi fue liberado la semana pasada de una prisión israelí, donde estuvo recluido durante un año.
Nunca fue acusado de ningún delito. Permaneció detenido bajo órdenes de detención administrativa, las cuales permiten a las fuerzas israelíes encarcelar a palestinos sin juicio por períodos de hasta seis meses. Estas órdenes pueden renovarse indefinidamente.
“Fue un verdadero infierno. La cárcel hoy en día es un infierno en todo el sentido de la palabra”, declaró Samoudi en una entrevista en su casa en Yenín. “Todo lo que practicaban con nosotros era castigo y venganza”.
Es uno de los 105 periodistas palestinos detenidos y encarcelados desde el 7 de octubre de 2023, la mayoría sin cargos, según el Comité para la Protección de los Periodistas (CPJ).
La alarmante magnitud de las detenciones convirtió a Israel en el tercer país con mayor número de periodistas encarcelados en 2025, solo por detrás de China y Myanmar, de acuerdo con el CPJ.
Treinta y tres periodistas palestinos siguen encarcelados en Israel, informó la organización.
Samoudi es un reconocido periodista que ha trabajado como productor local y colaborador para CNN, entre otros medios internacionales.
Estuvo al lado de Shireen Abu Akleh cuando la periodista palestino-estadounidense murió por disparos de tropas israelíes en 2022. En el mismo incidente, él también recibió una herida en el hombro.
A pesar de sus cuatro décadas de experiencia periodística, Samoudi afirmó estar conmocionado por las condiciones de las cárceles israelíes, donde, según él, sufrió abusos físicos y psicológicos que en ocasiones le hicieron dudar de si saldría con vida.
El Servicio Penitenciario de Israel no respondió a la solicitud de comentarios de CNN sobre la detención de Samoudi.
Samoudi perdió 60 kilos (132 libras), o aproximadamente la mitad de su peso corporal, durante su año en prisión.
“Básicamente nos daban comida solo para mantenernos con vida”, denunció Samoudi. “El desayuno consistía en una cucharada de labneh y un cuarto de cucharada de mermelada. Para el almuerzo: cuatro cucharadas de arroz, además de dos rodajas de pepino, dos de tomate o dos de pimiento”.
Describió la cena como una comida “de lujo”: dos cucharadas de hummus, una cucharada de tahini y un huevo. Los sábados, martes y miércoles, el servicio penitenciario añadía un pequeño trozo de pollo o carne, explicó.
Decenas de otros presos palestinos también han salido de las cárceles israelíes en estado de extrema desnutrición.
El Tribunal Supremo de Israel ordenó mejorar las condiciones carcelarias tras dictaminar en septiembre que el Estado no satisfacía las necesidades nutricionales básicas de los reclusos.
Sin embargo, Itamar Ben Gvir, el ministro de Seguridad Nacional de extrema derecha que supervisa las prisiones, ha redoblado su política draconiana, alardeando de la mala calidad de la comida en prisión y de que se proporciona “lo mínimo indispensable”.
Según Samoudi, los libros, los bolígrafos y el papel estaban prohibidos. La pequeña cantidad de champú que recibía cada semana estaba etiquetada como para perros. Y cada traslado dentro o entre prisiones conllevaba maltrato físico.
Las visitas a las audiencias de detención conllevaban palizas. Lo mismo ocurría con las visitas a la clínica.
“En una ocasión, después de regresar de una visita con el abogado