Por Ayushi Shah, Hanako Montgomery y Sanjiv Talreja, CNN
Dentro de la polvorienta y poco iluminada planta de reciclaje de algodón, Rajesh se encuentra junto a una máquina trituradora, introduciendo tela blanca en las afiladas cuchillas.
Se trata de restos de ropa desechada en Estados Unidos, Reino Unido, Japón y otros lugares, que llegan a la ciudad de Panipat, en el norte de India, en camiones cargados hasta desbordarse en montones sueltos y rebosantes.
Dentro de los almacenes, las prendas se apilan hasta el techo. En una de las naves, se les quitan las cremalleras y los botones a las prendas desechadas. En otra, las fibras se hilan, se tiñen, se blanquean y se vuelven a tejer para confeccionar alfombras, tapetes y mantas.
Los trabajadores se mueven con rapidez dentro de las unidades, clasificando los retales por color y tipo de tejido, alimentando un sistema diseñado para seguir el ritmo del consumo global.
Algunas prendas aún conservan las etiquetas de precio de las tiendas benéficas. Otras parece que se han usado poco.
Panipat es un centro neurálgico de la moda rápida, la tendencia actual que lleva a la gente a comprar más ropa pero usarla durante menos tiempo. Por lo general, estas prendas no están diseñadas para durar, y más de un millón de toneladas acaban aquí cada año para ser recicladas.
Sobre el papel, parece una solución circular al problema de los residuos de la moda rápida. Pero en realidad, cada paso conlleva un coste devastador para los habitantes de la ciudad y su medio ambiente.
Finas capas de algodón se adhieren a la barba incipiente de un veterano trabajador textil y se acumulan en los pliegues de su rostro.
Lo que es aún más peligroso, diminutas partículas de fibra penetran en su garganta y pulmones. “Toso constantemente, todo el día, y me falta el aire”, afirma el trabajador, a quien CNN llama Rajesh para proteger su empleo.
Rajesh lleva décadas respirando este aire y tiene una tos seca y persistente. Aun así, no le queda más remedio que seguir adelante.
La industria genera cientos de miles de empleos en Panipat y sus alrededores, atrayendo a migrantes como él de regiones más pobres que dependen de estos ingresos modestos pero estables.
Los productos químicos utilizados en la producción textil representan un riesgo para la salud de los trabajadores que inhalan las fibras. Cuando CNN visitó tres plantas de reciclaje de ropa a principios de febrero, ninguno de los trabajadores llevaba mascarilla ni ningún otro tipo de ropa de protección.
Pero los riesgos en la industria textil de Panipat no terminan aquí.
Reeta Devi trabaja en una planta de reciclaje de ropa para mantener a su marido, que no ha podido trabajar desde que se lesionó la pierna con una máquina en la misma industria el pasado agosto. “Tengo que trabajar”, dice. “Tengo tres hijos”.
Panipat, conocida como la “ciudad textil” de la India, se ubica justo al norte de Delhi y su industria depende en gran medida del trabajo informal. La mayoría de los trabajadores aquí carecen de seguro médico o prestaciones formales.
Si enferman o se lesionan, pierden sus ingresos y reciben poco o ningún apoyo de sus empleadores.
El trabajo de Reeta conlleva su propia presión. “Cuando hay mucho polvo, cuesta respirar”, cuenta.
Algunos trabajadores, como Reeta, aceptan los riesgos del trabajo porque hay muy pocas opciones laborales en la ciudad. “Este tipo de trabajo siempre trae problemas”, afirma.
A pocos kilómetros de distancia, otro extrabajador textil, Sanagar Alam, comparte una opinión similar.
Solía trabajar en una planta de teñido y señala los forúnculos en su cuello que, según él, fueron causados por productos químicos que le cayeron sobre la piel. “Cuando trabajamos con productos químicos, se desprende vapor”, explica a CNN.
Los trabajadores cubren sus propios gastos