Por Cecilia Domínguez, CNN en Español
Durante años, la anticoncepción fue, casi por definición, un territorio femenino. Pastillas, dispositivos intrauterinos, controles médicos, efectos secundarios y decisiones silenciosas. Una responsabilidad asumida, muchas veces, sin discusión, como parte natural de la vida reproductiva de las mujeres. ¿Y ellos? Los hombres, en ese esquema, quedaban al margen.
Sin embargo, algo empezó a cambiar. El tabú masculino sobre la vasectomía está desapareciendo y su discusión se vuelve cada vez más cotidiana. Los números empiezan a reflejarlo: en Estados Unidos, por ejemplo, se practican 500.000 por año, según la Asociación de Urología Americana, y después del fallo de la Corte Suprema en 2022 de anular Roe v Wade, que establecía el aborto como un derecho constitucional protegido, las consultas y procedimientos aumentaron más del 150%.
En paralelo, la fecundidad en Latinoamérica cayó a niveles históricamente bajos, en las últimas tres décadas. Y, en la provincia de Buenos Aires, en Argentina, entre 2020 y 2025, las vasectomías en hospitales públicos se multiplicaron por 20. Así, en los consultorios y hospitales, no solo crece la demanda de una intervención, sino otra forma de pensar la paternidad, el cuerpo y la responsabilidad.
Cerrar una etapa es el motor de la decisión en la mayoría de los casos. Facundo Mirata tiene 40 años, dos hijos y un proyecto de vida ya definido: no volver a ser padre. “Ni mi mujer ni yo queremos más hijos. Nuestra familia ya está completa”, afirma. Fue después de su segunda paternidad, hace ocho meses, que la vasectomía apareció como una posibilidad, a través de una sugerencia de su pareja. No como una urgencia, sino como una conversación que volvió más de una vez.
“Cuando uno habla de vasectomía, se pregunta de qué se trata eso”, dice Facundo, que empezó buscando respuestas en Internet, leyó sobre el tema y, después, fue a una consulta médica. En ese proceso, que su mujer acompañó, no solo encontró información, sino también prejuicios: “Creo hay mucho machismo. Es una parte que nadie debe saber de vos y te da temor”, reconoce. Sin embargo, cuando lo habló con compañeros de trabajo, la reacción fue distinta a la que esperaba. Más natural, incluso cercana, y hasta le terminaron contando sus experiencias médicas.
“El 70 % son pacientes que ya tienen de dos a tres hijos y alrededor del 20 % son los que tienen un hijo, y ya no quieren más”, sostiene Mariel Altamirano, médica vasectomista del Hospital Gandulfo, uno de los hospitales de la provincia de Buenos Aires en los que se realizan vasectomías gratuitas y sin bisturí. Entre sus pacientes, la mayoría tienen entre 40 y 50 años. En el hospital, Altamirano realiza en promedio 15 procedimientos por mes. Es una intervención ambulatoria, dura entre 15 y 20 minutos y el paciente vuelve a su casa el mismo día.
Facundo cuenta que, detrás de su voluntad de hacerse la vasectomía, hay algo más: el deseo de poder vivir su sexualidad sin la preocupación constante de un embarazo. Esa es, de hecho, una de las preguntas más frecuentes en consulta. “La vasectomía tiene una efectividad del 99% y no afecta la vida sexual. La calidad de las erecciones y la cantidad de semen siguen siendo exactamente iguales”, sostiene la médica.
Sin embargo, la vasectomía no evita el embarazo inmediatamente. Después de la intervención, es necesario que pasen tres meses o 20 eyaculaciones para eliminar cualquier resto de espermatozoides. Si bien el procedimiento se puede revertir, la médica aclara que se informa como irreversible: “Primero, por el elevado costo de la cirugía microscópica para hacerlo y, segundo, porque la probabilidad de que vuelva a haber concepción es menor al 3%, casi nula”.
La decisión, para otros, aparece como una forma de equilibrar cargas dentro de la relación. Diego Seijo tiene 57 años y hace veinte que está en pareja. En su casa, el tema de la anticonc