Por Sofía Hanalei Sánchez, CNN
En una fresca tarde invernal a principios de marzo, una multitud de personas se dirigió al Washington Square Park de Nueva York para un concurso de dobles de Miley Cyrus.
Muchos de los asistentes eran fanáticos acérrimos de “Hannah Montana”, incluidas las primas iraní-estadounidenses Sophia, de 23 años, y Ariana Parizadeh, de 22. Al crecer como hijas de inmigrantes en hogares estrictos, recordaban infancias en las que veían en secreto cómo se desarrollaba la doble vida de Hannah Montana, con sus días divididos entre ser una chica normal y una estrella del pop, y cómo eso les recordaba sus propias vidas mientras navegaban entre el hogar y la escuela.
“Al ir y venir entre casa y la escuela, sentía que tenía que cambiar de registro”, dijo Sophia. En casa, ella y su prima hablaban farsi y se les animaba a convertirse en médicas o abogadas. En la escuela, hablaban inglés e intentaban encajar como cualquier otro niño.
“Sentía que había distintos rasgos de mi personalidad que salían a la luz en ambas situaciones”, dijo, al recordar los veranos que pasaba en Irán. “Cuando volvía aquí y empezaba la escuela, también era una versión diferente de mí misma”.
Disney Channel estrenó “Hannah Montana” en 2006, y millones de niños cambiaron para siempre gracias a la preadolescente con raíces de Tennessee que, en secreto, llevaba una doble vida como estrella internacional del pop en Malibú. Un especial por el 20º aniversario, protagonizado por una Miley Cyrus que ahora tiene 33 años, se estrenó el martes en Disney+.
Si la serie se hubiera hecho en 2026, el elenco quizá habría sido más diverso racialmente y las tramas podrían haber girado menos en torno a los chicos. Pero lo que sigue estando claro es que Hannah Montana se tomó en serio el mundo de los niños y los preadolescentes, ampliando el atractivo de la estrella mucho más allá del género, la cultura o la raza, y encontrando un hogar incluso entre quienes no se parecían en nada a ella ni hablaban como ella. Las niñas y los niños que alguna vez se pusieron pelucas rubias como fans en la infancia ahora son jóvenes adultos que reflexionan sobre cómo la dualidad de la estrella del pop también influyó en su identidad y en sus secretos.
“Ella era blanca y yo era negra, pero esa etapa adolescente incómoda de ir descubriéndote a ti misma con tu padre y tus amigos, y también lidiar con todas las presiones del mundo y los rumores… todo eso seguía siendo muy presente e importante para mí cuando era niña”, dijo Katrina “Kitty” Black, una fan jamaicano-estadounidense que ahora tiene 29 años.
Black recordó que cantaba en su iglesia jamaicana en Stamford, Connecticut, casi todos los días de la semana, antes de hacer un trayecto de diez minutos en auto hasta la exclusiva Greenwich Country Day School, donde era una de las pocas chicas negras con una beca.
“Esa es la parte del cambio de registro”, dijo Black. “Como que sentía que sonaba música dramática, como: ‘Si tan solo lo supieran’, ¿sabes a lo que me refiero? Esa serie conectó muchísimo porque estás a esa edad en la que de verdad estás tratando de encontrarte a ti misma, en tu voz”.
Para Black, la peluca de Hannah —que el personaje se ponía o se quitaba según cuál de sus identidades estuviera encarnando— adquirió en sí misma un doble significado. Ver a Miley transformarse en una versión más segura de sí misma con solo cambiar a un cabello más lacio y largo refleja un mensaje que muchas niñas negras y morenas han tenido que esforzarse por desaprender.
“A veces, para encajar en ciertos espa