Por Kocha Olarn y James Legge, CNN
Era exactamente lo que él había temido, pero aun así el ataque llegó sin previo aviso.
“Oí un estallido fuerte”, recordó Samut, quien se encontraba entre los 23 miembros de la tripulación a bordo del Mayuree Naree, un buque de carga tailandés que había entrado en el estrecho de Ormuz hace poco más de una semana, a pesar del riesgo de ataques iraníes.
“Hubo dos fuertes estallidos, uno tras otro, tal vez con dos segundos de diferencia”, relató a CNN, hablando bajo un seudónimo por temor a su seguridad.
Las alarmas sonaron a todo volumen y el humo invadió cada pasillo. Todo el barco quedó sumido brevemente en la oscuridad, antes de que se activara el sistema de energía de emergencia.
“Una vez que fuimos impactados, no teníamos ni idea de dónde provenían los disparos, quién estaba disparando o si había algún buque de guerra por la zona; así que nadie se atrevió a salir al exterior. Todos corrieron directamente hacia el puente de mando”.
Cuando llegaron allí, contó, el capitán hizo un recuento de la tripulación “y faltaban tres personas”.
Las tres se encontraban en la sala de máquinas, donde el fuego ardía con furia.
Entre los desaparecidos figuraba Chawarit Chaiwong, de 35 años y oriundo de la provincia occidental tailandesa de Tak, quien lleva más de 10 años trabajando en el mar.
Al igual que Samut, Chawarit había tenido sus recelos respecto a atravesar el estrecho, según relató a CNN su esposa, Suchawadee Malikaeo.
Desde que Estados Unidos e Israel lanzaron su guerra con Irán el 28 de febrero, Teherán había reafirmado su control sobre esa crucial vía navegable —por la cual transita una quinta parte del petróleo mundial—, amenazando con atacar a cualquier buque de naciones aliadas de EE.UU. que pasara por ella. Varios ya habían sido alcanzados.
Aquello dejó al Mayuree Naree —un granelero de 180 metros de eslora— atrapado en el golfo Pérsico, anclado cerca de los Emiratos Árabes Unidos mientras la guerra arreciaba a su alrededor.
La tripulación podía oír los cohetes cruzando sobre sus cabezas, relató Suchawadee, citando conversaciones telefónicas con Chawarit, con quien contrajo matrimonio hace cinco años.
“Pero la cuestión es que, en realidad, él no podía ver de dónde provenían ni quién los estaba disparando”, agregó.
En los días previos al ataque, Chawarit le contó que había visto un dron merodeando alrededor del buque.
“Dijo que parecía que un dron estaba inspeccionando el barco, pero que en realidad no pasó nada”, relató Suchawadee a CNN.
El 10 de marzo, los propietarios del buque —la compañía Precious Shipping— decidieron cruzar el estrecho para completar el viaje de la embarcación hacia Kandla, una ciudad portuaria en el oeste de la India. Allí, el barco, que viajaba vacío, debía cargar arroz.
Incluso en tiempos de paz se requiere una gran destreza para navegar por el angosto canal del estrecho. Sin embargo, esta travesía suponía una prueba especialmente exigente para las habilidades del capitán.
Según una fuente con conocimiento directo de la planificación del viaje, Precious Shipping instruyó al capitán para que abandonara el fondeadero alrededor de la medianoche.
Debía navegar a velocidad normal, con todas las luces innecesarias apagadas, y exhibir la bandera tailandesa de manera destacada. Asimismo, se le ordenó comunicarse cada 30 minutos a través de WhatsApp, además de informar a las autoridades pertinentes durante todo el trayecto.
Tenían previsto cruzar el estrecho de Ormuz alrededor de las 7:00 a.m., hora local.
Precious Shipping declaró en un comunicado que, antes de la partida, “llevó a cabo una evaluación exhaustiva de la situación en consulta con asesores profesionales de seguridad marítima, sus aseguradores y otras partes interesadas pertinentes”.
“Basándose en la información y