Análisis por Allison Morrow y Hanna Ziady, CNN
La guerra en Irán ha provocado lo que los economistas denominan un evento de “cisne negro”: una conmoción imprevista tan destructiva que nadie es inmune a ella.
Mientras la llamada guerra cinética se desarrolla en Medio Oriente, donde cientos de civiles han perdido la vida, un terremoto económico se extiende desde el golfo Pérsico. Prácticamente todo el mundo está a punto de sentir sus consecuencias.
“En esta situación, nadie sale ganando”, afirmó Josh Lipsky, presidente de economía internacional del Atlantic Council.
La crisis energética se intensificó esta semana después de que Irán bombardeara los centros cataríes de gas natural licuado, en represalia por el ataque de Israel contra la planta iraní de South Pars, que forma parte del yacimiento de gas natural más grande del mundo.
El alza vertiginosa de los precios del gas ya ha llevado a los Gobiernos a restringir el consumo eléctrico.
Pakistán cerró las escuelas durante dos semanas. India está racionando el suministro de gas natural para las fábricas; y en al menos una importante ciudad india, Pune, los crematorios que funcionan con gas han suspendido sus operaciones.
Aunque Estados Unidos, junto con Israel, inició la guerra, es probable que la economía estadounidense sea la menos perjudicada, gracias en parte a su producción nacional de petróleo y gas natural, líder a nivel mundial.
El desarrollo del fracking, junto con el abandono de los combustibles fósiles, ha creado un margen de seguridad para que la economía estadounidense absorba precisamente el tipo de crisis petrolera y energética a la que se enfrenta actualmente, declaró a CNN el jueves Joe Brusuelas, economista jefe para Estados Unidos de RSM.
Sin embargo, añadió que este margen tiene sus límites.
“Si la guerra continúa, tendremos un impacto económico bastante significativo”, estimó Brusuelas. Pero “no estamos en una situación como la de Asia, donde la destrucción generalizada de la demanda provocará una recesión en algunas economías con bastante rapidez”.
La semana pasada, Corea del Sur impuso su primer tope al precio mayorista de los combustibles en 30 años.
Además de cerrar temporalmente las escuelas, Pakistán recortó algunos salarios del Gobierno para equilibrar su presupuesto.
Tailandia ordenó a algunos funcionarios trabajar desde casa, y Filipinas instauró una semana laboral de cuatro días.
En Bangladesh, los motociclistas hicieron largas filas para llenar sus tanques tras la imposición del Gobierno de un tope a la compra de combustible.
Según informes de la firma de investigación Wood Mackenzie, se está produciendo un racionamiento generalizado de gas natural en todo Bangladesh, incluso para los fabricantes de ropa, que ahora se enfrentan a importantes recortes de producción.
China, la mayor economía de Asia, podría estar más protegida que sus vecinos, a pesar de ser el mayor comprador de petróleo iraní y de que aproximadamente la mitad de sus importaciones de crudo transitan por el estrecho de Ormuz.
Esto se debe principalmente a que el carbón aún domina la matriz energética del país. Sin embargo, China también ha apostado por los vehículos eléctricos y las energías renovables, mitigando así el impacto del aumento de los precios de los combustibles fósiles, según