Santa Barbara County News and Events

La temporada de ensueño del Arsenal termina con un dolor familiar a manos del triunfante PSG

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Análisis por Ben Church, CNN

En una temporada en la que el Arsenal pensó que se había quitado la etiqueta de segundón, el equipo de Mikel Arteta volvió a encontrarse sufriendo otro desgarrador momento de “casi” lograrlo.

Los Gunners mantuvieron la ventaja durante casi una hora en el Puskás Aréna el sábado, mientras buscaban el primer título de la Champions League en la histórica trayectoria del club. Pero una entrada torpe y una tanda de penaltis después, el Arsenal se marchó de Budapest con las manos vacías.

A costa de ellos, fue el Paris Saint-Germain quien celebró en la capital húngara. Otra campaña impresionante, otro trofeo alzado y quizás el inicio de una dinastía que amenaza con dominar el fútbol europeo durante muchos años más.

A pesar del empate 1-1 y lo ajustado del resultado en la tanda de penaltis, el PSG mereció retener el título. No fue tan impresionante como la paliza de 5-0 que Les Parisiens le propinaron al Inter de Milán en la final del año pasado, pero una vez más encontraron la manera de ganar.

Y cualquier idea de que no significaría tanto la segunda vez quedó completamente descartada durante la presentación del trofeo. Todo el equipo, entrenadores y personal técnico saltaron de alegría en el podio mientras caía confeti dorado a su alrededor.

Mientras tanto, la famosa afición del club siguió cantando detrás de la portería. En realidad, empezaron aproximadamente una hora antes del inicio y nunca dejaron de hacerlo.

Solo había que mirar las caras de los aficionados del Arsenal dentro del estadio para ver lo que significaba esta final para ellos. Incluso después de ver a su equipo adelantarse gracias a la magnífica definición de Kai Havertz, los aficionados seguían sintiendo una ansiedad profundamente arraigada.

A medida que avanzaba el partido, esos nervios se intensificaban. Un aficionado no podía quedarse quieto y recibió un permiso especial de los encargados de seguridad para pararse cerca de una salida y liberar su energía ansiosa saltando en el lugar.

Un miembro de la prensa, vestido con una camiseta retro del Arsenal, también saltó una pequeña valla para ver la prórroga y los penaltis desde las gradas, convirtiéndose de repente en otro aficionado nervioso con el dolor reflejado en el rostro.

No fue solo en Budapest donde los aficionados del Arsenal estaban viendo el partido en grandes números. El estadio local del club también abrió sus puertas para permitir que los seguidores vieran juntos en pantallas gigantes. Los pubs y bares del norte de Londres también estaban llenos hasta el tope de personas con la esperanza de ver al querido equipo hacer más historia.

La fiesta realmente no se había detenido desde que el club aseguró su primer título de la Premier League en 22 años la semana pasada, pero esas celebraciones se detuvieron en seco después de que Eberechi Eze y Gabriel no lograran convertir desde el punto de penalti.

El ruido de las celebraciones en todo Londres se apagó en un instante. Los aficionados salieron en masa del estadio en Budapest y los jugadores cayeron al césped angustiados.

“Dolor”, dijo el entrenador del Arsenal, Mikel Arteta, cuando le preguntaron cómo se sentía poco después de la derrota. “Estás a solo unos penaltis de ganar la competición de clubes más grande”.

“Lo que les dije a los jugadores y al cuerpo técnico es que si les digo un millón de veces ‘gracias’, no será suficiente.

“Y no es porque hayamos ganado la Premier League, y no es porque hayamos jugado la final de la Champions League… es por la alegrí

San Antonio Spurs derrota al campeón Oklahoma City Thunder y enfrentará a los New York Knicks en las Finales de la NBA

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Por Jacob Lev, CNN

Los San Antonio Spurs viajaron a Oklahoma City y derrotaron a los campeones defensores en su propia cancha durante el séptimo partido de las Finales de la Conferencia Oeste, celebrado este sábado.

Se enfrentarán a los New York Knicks en las Finales de la NBA —las cuales darán comienzo el miércoles—, en una reedición de las Finales de 1999, la última ocasión en que los Knicks tuvieron la oportunidad de alzarse con el Trofeo de Campeonato Larry O’Brien.

Los Spurs se impusieron a los vigentes campeones, el Oklahoma City Thunder, con un marcador de 111-103 en un tenso y decisivo encuentro.

“Allá por el mes de octubre, sabíamos que teníamos la posibilidad de llegar a ser un equipo realmente bueno”, declaró el entrenador jefe Mitch Johnson a la cadena NBC tras la conclusión del partido. Asimismo, elogió a su equipo por “entregarse los unos a los otros, al programa y a todo el trabajo que hemos realizado. Oklahoma City es una organización extraordinaria, ¡y qué gran serie hemos vivido!”.

Hizo alusión a la juventud de su plantilla —que disputaba su primera postemporada desde 2019— al afirmar que no fue la experiencia lo que los llevó hasta las Finales.

“Se ha hablado mucho al respecto, utilizando términos como competitividad, determinación, unidad y ejecución… Pero a mí me importa un bledo la palabra ‘experiencia’”, sentenció.

Liderados por Victor Wembanyama, quien terminó con 22 puntos y siete rebotes, los Spurs se aseguraron un lugar en las Finales por primera vez desde 2014.

Fue el tipo de séptimo partido dramático que una serie clásica merecía: una en la que ambos equipos lograron victorias ajustadas y también consiguieron triunfos por paliza, mientras los Spurs y el Thunder consolidaban su enfrentamiento como la principal rivalidad de la NBA en la actualidad. El físico y vibrante partido decisivo, disputado el sábado en OKC, demostró que esta podría ser la rivalidad a seguir en la liga durante los próximos años.

Los Spurs salieron con gran intensidad, tomando rápidamente una ventaja de 14 puntos y dejando atónita a la ruidosa multitud del Continental Coliseum.

Pero el Thunder reaccionó con fuerza para tomar brevemente la delantera justo antes del descanso, impulsado por los 13 puntos anotados en el segundo cuarto por el vigente dos veces MVP, Shai Gilgeous-Alexander.

Sin embargo, el impulso de OKC no perduró, ya que San Antonio recuperó de inmediato una ventaja de doble dígito gracias a una racha de 16-2 en el tercer cuarto, liderada por los cinco triples de Justin Champagnie.

Tal como ocurrió durante todo el encuentro, nunca se pudo dar por vencido al Thunder.

SGA logró meter nuevamente a su equipo en el partido, quedando a solo tres puntos de desventaja al comenzar el último cuarto.

Pero San Antonio tuvo una respuesta para cada reacción del Thunder en la recta final, asegurando así la victoria.

Ha supuesto un cambio radical para los Spurs, un equipo que seleccionó a Wembanyama como número uno del draft en 2023 y que la temporada pasada terminó en el 13er puesto de la Conferencia Oeste.

Wembanyama, de 22 años, se mostró muy emotivo: rompió a llorar al sonar la bocina final y, posteriormente, tuvo que contener de nuevo la emoción tras ser nombrado Jugador Más Valioso de las Finales de la Conferencia Oeste.

El pívot francés comentó que la emoción surgía de “darse cuenta de que una parte” de sus sueños de infancia se hará realidad.

“Aunque todavía nos queda un paso más, esta sensación es… no puedo explicarla”, declaró Wembanyama a la transmisión de la NBC mientras sostenía el Trofeo Earvin ‘Magic’ Johnson. “Es tan poderosa”.

Los Spurs recibirán a los Knicks este miércoles en el Frost Bank Center, y Wemby tuvo un mensaje para los aficionados.

“Queremos cuatro más; aún no hemos terminado. ¡Vamos, Spurs!”, gritó Wembanyama.

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Ethiopia’s PM won a Nobel Peace Prize, stoked a civil war – and is set for re-election

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By Nimi Princewill, CNN

(CNN) — When Abiy Ahmed became Ethiopia’s prime minister in 2018, he offered a clean slate for Africa’s oldest uncolonized nation, which had been suffocated by decades of strict state control.

His predecessor, Hailemariam Desalegn, had overseen strong economic growth during his nearly six-year rule but continued a historical pattern of using violent crackdowns to crush dissent. This repression sparked years of protests and widened the divide between his government and the public, ultimately leading to his resignation.

Just 90 days into his premiership, Abiy, at the time only 41, stunned the world by negotiating a truce that ended a bitter 20-year civil war with neighboring Eritrea.

This rapid breakthrough, combined with early reforms such as releasing political prisoners and allowing a freer press, earned him the Nobel Peace Prize. It positioned him as a regional peacemaker and a domestic reformer, leading many to believe he would guide Ethiopia toward a free and democratic era.

However, that euphoria soon faded. Today, Ethiopia — Africa’s second most populous nation with over 135 million people — stands deeply divided, facing violent ethnic conflicts, restrictions on free speech and crackdowns on dissent.

As the country heads toward a national election, the leader once celebrated as a healer is now viewed by critics as the main driver of these schisms.

But that is likely to matter little in the vote, with the ruling Prosperity Party expected to dominate amid a fragmented opposition and ongoing violence.

Power grab and a country of two realities

The June 1 election reveals a country of two halves.

On one side is the booming capital, Addis Ababa, which projects a social media-friendly narrative of progress, marked by new high-rises, expanded roads, city lighting and parks, alongside economic reforms, including the launch of a new national stock market.

However, outside the capital’s borders, this urban gloss disappears.

Regions like Tigray, Amhara, and Oromia remain ravaged by active warfare, massacres, and mass displacement. Observers link these conflicts to Abiy’s push away from Ethiopia’s longstanding system of ethnic federalism, which had allowed diverse regional states to draft their own laws and maintain local armies.

For nearly three decades, the country was governed by the EPRDF, a coalition of four powerful, ethnically-based parties representing the dominant regions: Tigray, Amhara, Oromia, and the Southern Nations.

Abiy was initially brought to power by this coalition to calm tensions that forced his predecessor Desalegn to step down.

However, in November 2019 — less than two years after taking office and a month after receiving the Nobel Peace Prize — Abiy dissolved the EPRDF.

In its place, he established the Prosperity Party, a single national political organization that combined the former coalition with other ethnic minority parties. To further centralize authority, he ordered regional states to disband their local armies and integrate with the national military.

These reforms stripped the dominant Tigray People’s Liberation Front (TPLF) of its historical control of the regional government, driving it into active opposition. The policy also faced resistance in other regions, including Abiy’s native Oromia, where demands

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