Por Ben Church, CNN
Después de 103 partidos y 38 días de competencia, todo se reduce al último encuentro del Mundial 2026.
Un total de 46 selecciones quedaron en el camino y solo sobreviven dos: la número 1 del mundo, Argentina, y la número 2, España.
Curiosamente, la última vez que ambas selecciones se enfrentaron en un Mundial fue en 1966. Ahora volverán a verse las caras este domingo a las 3 p.m. (hora de Miami) en el MetLife Stadium, en Nueva Jersey.
Hay muchas historias y factores alrededor de esta final, incluidos el espectáculo de medio tiempo y la presencia del presidente Donald Trump. Así que vayamos directo al análisis.
Antes que nada, esta será una final entre dos estilos completamente opuestos. Para usar una expresión acuñada por el exentrenador del Liverpool Jürgen Klopp, será como enfrentar el heavy metal con una orquesta.
Por un lado, Argentina apuesta por la agresividad y el despliegue físico. Hace muy bien el trabajo menos vistoso, casi al punto de priorizarlo sobre la enorme calidad que también tiene. Sale desde el primer minuto con el acelerador a fondo, juega a máxima intensidad y vuelca todos sus recursos al ataque.
Todo ese caos crea el escenario perfecto para que Lionel Messi haga su magia. Sus compañeros —más parecidos este verano a guardaespaldas que a simples compañeros de equipo— hacen el trabajo más duro y le permiten concentrarse exclusivamente en romper las defensas rivales con su talento incomparable.
Es una fórmula que ha dado resultados. La cantidad de goles en los minutos finales y de remontadas sugiere que los rivales no logran sostener el ritmo que impone Argentina durante los 90 minutos.
Enfrente está España. La Roja es un equipo mucho más paciente, que prefiere tener la posesión del balón y desgastar a sus rivales a base de pases, esperando el más mínimo error de concentración. Su filosofía es sencilla: si tenemos el balón, el rival no puede marcar. Es una idea que le ha dado buenos resultados en los últimos años.
España ganó su último Mundial en 2010 con un estilo muy similar basado en la posesión, conocido como “tiki-taka”. Esa forma de jugar definió una época del fútbol, aunque en las últimas temporadas ha ido cediendo terreno ante un juego más físico. Incluso cuando España conquistó la Eurocopa de 2024, lo hizo aprovechando la velocidad y el juego directo de sus extremos.
Pero, tras varias lesiones sufridas por la selección durante este Mundial, el entrenador Luis de la Fuente volvió a la identidad más reconocible de España, una decisión que convierte a su equipo en ligero favorito para conquistar el título.
El objetivo de Argentina es evidente: sacar a España de su ritmo.
Dicho esto, la estrella española Rodri tendrá un blanco sobre la espalda… o, más precisamente, sobre los tobillos. El mediocampista de 30 años es el metrónomo del centro del campo español y quien marca el ritmo del juego. Ningún futbolista ha completado más pases en el torneo que él (694, más de un centenar por encima de cualquier otro jugador). Si Argentina logra neutralizarlo, le quitará a España su principal fortaleza.
No sorprenderá saber que Argentina es la selección que más faltas ha cometido en este Mundial, así que cabe esperar muchas entradas fuertes y varios enfrentamientos tanto dentro como fuera del terreno de juego.
España deberá mantener la calma y evitar caer en las provocaciones si quiere seguir fiel a su plan de juego, aunque decirlo es mucho más fácil que hacerlo. Lo que sí parece seguro es que el árbitro Slavko Vinčić tendrá mucho trabajo desde el pitazo inicial.
“Creo que el partido del domingo será muy diferente, porque será mucho más físico y debemos estar preparados”, dijo Rodri a los periodistas en los días previos a la final, al asegurar que confía en que su selección puede competir contra cualquier estilo de juego.
“Sabemos jugar distint