Por Ana María Cañizares, CNN en Español
Ecuador y Colombia están viviendo uno de los momentos más complejos en sus relaciones diplomáticas y desde hace varias semanas sus diferencias sobre el control de la seguridad en la frontera entre los dos países han subido de tono sin una posibilidad cercana de reconciliación.
Este miércoles la Cancillería de Ecuador llamó a consultas a su embajador en Colombia y presentó una enérgica nota de protesta en contra del país vecino luego de que el presidente Gustavo Petro nuevamente calificó en redes sociales como “preso político” al exvicepresidente Jorge Glas, que cumple dos sentencias por corrupción en una cárcel ecuatoriana —Glas ha rechazado las acusaciones. Petro acusó al Gobierno de Noboa de “delito de lesa humanidad” al referirse a un eventual deterioro de la salud de Glas dentro de prisión.
“El ciudadano en mención no es un perseguido político, sino un sentenciado por la justicia ecuatoriana tras procesos legítimos por delitos de asociación ilícita, ademas de enfrentar procesos por peculado (…) Cualquier intento de deslegitimar estas sentencias desde el exterior constituye una violación flagrante del principio de no intervención”, precisó el Estado ecuatoriano en su nota diplomática.
En esa misma línea, el presidente Daniel Noboa cuestionó a Petro acusándolo en X de “vender el cuento de los presos políticos” y le recordó los delitos por los cuáles fue sentenciado Glas en su país.
Así, la declaración de Petro a través de sus redes sociales elevó las tensiones y fracturó aún más la resquebrajada relación con Ecuador que desde marzo de este año impuso aranceles del 50 % a los productos importados desde Colombia argumentando que el Estado colombiano no ha colaborado eficazmente en el control del crimen organizado en la frontera.
En reciprocidad, Colombia estableció una medida arancelaria similar. Esta disputa se ventila en la Comunidad Andina de Naciones (CAN), que ha llamado insistentemente al diálogo entre los dos países para resolver sus diferencias.
Los sectores productivos de Colombia y Ecuador han mostrado su preocupación por el impacto de los aranceles en ciertos sectores comerciales y han hecho varios llamados a los gobiernos para que puedan encontrar una salida oportuna que permita recuperar la dinámica comercial entre dos socios tan cercanos.
Pero mientras lo diplomático y lo comercial no encuentran una salida y los presidentes se enfrentan en el terreno de las redes sociales, la tensión crece en la zona de frontera entre Ecuador y Colombia donde los grupos armados y las disidencias guerrilleras encuentran el escenario perfecto para promover sus actividades ilícitas.
La especialista en política internacional y docente en Seguridad y Defensa del Instituto de Altos Estudios Nacionales (IAEN), Carla Álvarez, dijo a CNN que lastimosamente la imposición de aranceles y el agravamiento de las tensiones entre Ecuador y Colombia, lejos de contrarrestar la actividad criminal en la frontera, está promoviendo el comercio ilícito y el contrabando en ambos países.
“El ecosistema criminal se fortalece y aumentan las actividades logísticas para todo tipo de comercio formal e ilegal. Las organizaciones delictivas tienen más motivaciones para mover la mercancía de un lado a otro, transportar mercaderías ilícitas, controlar pasos, reclutar a