Por Jimena De La Quintana, CNN en Español
Los peruanos estarán este domingo frente a la cédula de sufragio más grande de su historia: tendrá la foto y el símbolo del partido de cada uno de los 35 candidatos a la presidencia. La boleta mide más de 42 centímetros de ancho, más de 40 de largo y tiene cinco columnas. Cada una representa una elección distinta. La primera para presidentes y vicepresidentes, la segunda y tercera para senadores, la cuarta para diputados y la quinta para el parlamento Andino. En total, 198 autoridades serán elegidas por más de 27 millones de peruanos que están habilitados para votar.
El proceso electoral, tal vez el más complejo y confuso al que asistirán los peruanos, se da en medio de un deterioro de la democracia en el país, una década de crisis política que no se ha detenido. En febrero asumió el octavo presidente en menos de una década.
Para Fernando Tuesta, profesor de ciencia política de la Pontificia Universidad Católica del Perú, el peruano tiene una “enorme desafección” hacia la política. “Esto es generalizable a toda América Latina, pero en Perú llega a niveles muy altos. La expresidenta Dina Boluarte llegó a tener solo una aprobación del 3 %, que, dentro del margen de error, incluso pudo ser menor, y el Congreso solo 5 % de aprobación. Son cifras históricas”.
Tuesta, exjefe de la Oficina Nacional de Procesos Electorales (ONPE), jefe de la Misión de Observación de la OEA en México en 2022 y autor de publicaciones sobre política y sistemas electorales en América Latina, dice que, ante el rechazo ciudadano de los últimos años, surgieron más partidos. “De cara a las elecciones de 2026 se forman un sin número de partidos, pero en el Perú son organizaciones extremadamente débiles, altamente personalistas y que se han convertido, en muchos casos, en vehículos electorales donde se reclutan candidatos y, terminado el proceso, estos se separan”.
“Una idea que se ha instalado en los peruanos es que no importa si tienes o no un partido organizado, igual puedes salir presidente”, dice Tuesta.
Durante los años ochenta, una economía desplomada con hiperinflación y una alta desconfianza en los partidos facilitaron el surgimiento de nuevas opciones en Perú. Así, se abrió el lugar para el expresidente Alberto Fujimori, el primer outsider peruano en 1990. En los últimos años, la mayor creación de agrupaciones políticas no se detuvo.
La desafección a la política no es el único síntoma preocupante, según Tuesta. “Hay desafección, hay precariedad en la representación, polarización y una concentración del poder en el parlamento y un vaciamiento de poder en el Ejecutivo, es decir, en los presidentes”.
Estas nuevas organizaciones que llegaron al Congreso fueron protagonistas de constantes enfrentamientos con el Ejecutivo. Más que sostén de una democracia, los partidos se convirtieron en protagonistas del deterioro democrático. De los ocho presidentes que tuvo Perú en la última década, cuatro fueron destituidos por el Congreso y dos renunciaron.
“En la última década, no hay ningún país en América Latina que haya tenido ocho presidentes en 10 años, ahí donde debería haber dos. Y no es producto de golpes de Estado, sino debido a la relación de conflicto entre el parlamento, donde se ha concentrado el poder de una coalición de partidos que son los que finalmente han decidido hacia dónde hemos ido como país, y presidentes de la República muy debilitados y subordinados al Congreso”.
Así, las próximas elecciones se convierten en trascendentales pues, más allá de elegir a un presidente, se redefinirá la composición del parlamento. De hecho, el parteaguas de esta campaña no solo es de izquierdas versus derechas, sino que, además, entre los partidos que no estuvieron en el Legislativo, versus los que sí estuvieron, y que son acusados por los primeros de ser quienes desestabilizaron al país tras varias sucesiones presidencia