Por Betsy Klein, CNN
Cuando la histórica Ala Este de la Casa Blanca fue demolida el año pasado para dar paso a la construcción de un nuevo salón de baile del presidente Donald Trump, otra parte de la historia desapareció.
El Jardín Jacqueline Kennedy, dedicado en 1965 por la primera dama Lady Bird Johnson en honor a la labor de su predecesora en la Casa Blanca, fue desmantelado: su icónica pérgola diseñada por I. M. Pei fue almacenada y sus árboles fueron enviados a distintos viveros para su preservación.
El nieto de Kennedy quiere hablar con el presidente al respecto.
“El presidente Trump tiene una profunda obsesión con mi familia: desde el Ala Este, hasta el Jardín de las Rosas, el Jardín Kennedy, incluso el avión; la lista sigue. Pero está afectando a todas las familias todos los días con costos más altos, guerras imprudentes y una profunda corrupción”, dijo Jack Schlossberg a CNN.
Schlossberg, quien se postula al Congreso como demócrata, añadió: “Mi abuela creía en la gente de este país. En cada persona. Quería que viéramos jardines, color y el brillo de la vida. Lo que tenemos ahora es oscuridad”.
Más de seis décadas después de que Johnson elogiara el “gusto infalible de la talentosa y elegante Jacqueline Kennedy”, los planes de paisajismo alrededor del nuevo salón de baile comienzan a tomar forma. Fueron presentados en detalle este mes por el arquitecto paisajista Rick Parisi ante la Comisión Nacional de Planificación de la Capital. Y arquitectos paisajistas y expertos en preservación histórica han cuestionado aspectos clave del diseño.
Según los diseños actualizados del proyecto del Ala Este, un nuevo jardín se ubicará sobre el antiguo sitio del Jardín Kennedy y se extenderá hacia el sur a lo largo del nuevo salón de baile. Incluirá una gran escalinata, un patio circular con “ladrillos originales de Mount Vernon”, amplios senderos de granito y cuatro árboles de acebo podados provenientes del jardín original. Una fuente del jardín original será reubicada e incorporada al espacio.
El camino de acceso del jardín sur, parte de un diseño histórico basado en elipses, será reconfigurado: su forma circular se verá alterada y comprimida en uno de sus lados para dar paso al salón de baile de más de 8.200 metros cuadrados.
Esa parte del plan también ha generado controversia.
Parisi dijo a la Comisión Nacional de Planificación de la Capital (NCPC, por sus siglas en inglés) que lo “más llamativo” del proyecto es la “oportunidad de ampliar uno de los aspectos más bellos” del antiguo jardín, con parterres ornamentales simétricos y amplias plantaciones anuales y perennes.
“El objetivo es recrear parte del esplendor que existía en ese jardín del este”.
Sin embargo, los nuevos planes ofrecen pocas referencias visuales al Jardín Jacqueline Kennedy: un césped rodeado de setos y flores de temporada donde Barron Trump jugaba fútbol; donde Commander, el pastor alemán del presidente anterior, corría sin correa; y donde presidentes y sus familias buscaban descanso y aire fresco.
No hay planes para trasladar el jardín a otro lugar dentro de la Casa Blanca, según un funcionario, aunque algunos árboles y arbustos serán replantados. La pérgola de I. M. Pei “se preservará y se intentará incorporar en el nuevo diseño”, añadió, aunque no figura en los planos actuales.
Durante la sesión de comentarios públicos de la NCPC, que fue abrumadoramente negativa, expertos criticaron la falta de simetría en el nuevo