Análisis por David Goldman, CNN
El presidente Donald Trump hizo una apasionada defensa de la economía estadounidense durante su discurso sobre el Estado de la Unión este martes por la noche.
“La inflación se desploma, los ingresos aumentan rápidamente. La economía, en pleno auge, avanza como nunca antes”, manifestó.
Hipérboles aparte, tiene razón: la economía estadounidense es sólida. Pero Trump no entiende la cuestión.
La asequibilidad, no la fortaleza económica, impulsa a los votantes a las urnas.
A la mayoría de los estadounidenses les da igual el PIB, el IPC, el PCE o cualquier otro acrónimo o dato que muestre que la economía va por buen camino.
Les preocupa la seguridad laboral y esos temores financieros que les quitan el sueño: cómo pagar la comida, la vivienda, la atención médica, las cuotas del automóvil, la universidad y la guardería, todo lo cual cada vez es más caro.
Trump sugirió que aún queda trabajo por hacer para que Estados Unidos vuelva a ser asequible y describió algunas políticas nuevas para abordar las preocupaciones financieras de los estadounidenses.
Pero el mensaje de Trump se centró principalmente en el excepcionalismo estadounidense, sus logros económicos, la baja inflación y la robusta inversión extranjera. Culpó a su predecesor de arruinar la economía y elogió la labor de su administración para rescatarla.
“Heredé una economía que estaba al borde del colapso. Ahora nuestra economía es, literalmente, la envidia del mundo”.
Pero hay un problema con esa estrategia.
¿Pruebas? Esa última cita no fue del discurso del martes. Fue del Estado de la Unión de 2024, pronunciado por el expresidente Joe Biden, quien perdió las elecciones ocho meses después.
El mensaje de Trump, al menos en teoría, es en gran medida correcto.
El empleo, el crecimiento salarial, el gasto del consumidor y la inflación bajo el Gobierno de Trump lucen bastante decentes o se han mantenido prácticamente estables. El mercado bursátil está cerca de un máximo histórico.
El PIB estadounidense creció un 2,2 % en 2025, en línea con los tres últimos años de sólido crecimiento económico. La economía se desaceleró más de lo previsto a finales de año, pero el cierre gubernamental más prolongado de la historia frenó el crecimiento que debería recuperarse este trimestre.
El año pasado no fue un gran año para el mercado laboral, ni mucho menos. Sin embargo, el desempleo se mantiene bajo, y una contratación más fuerte de lo esperado en enero sugiere que 2026 podría ser mucho mejor para la creación de empleo.
La inflación parece estar nuevamente en descenso después de un recorrido accidentado en 2025, y el crecimiento de los salarios ha superado la inflación durante casi tres años, lo que ha ayudado a los estadounidenses a estirar aún más sus dólares.
Los estadounidenses más ricos se están beneficiando financieramente de las tendencias económicas positivas, mientras que los hogares con menores ingresos se encuentran cada vez más rezagados.
Esta tendencia en forma de K no es nueva, pero la brecha entre ricos y pobres se ha ampliado en los últimos años, sobre todo porque el mercado inmobiliario permanece prácticamente congelado.
Quienes poseen vivienda, en particular quienes re