Por CNN Español
La bandera de Estados Unidos ondeó este 11 de febrero junto a la de Venezuela en el Palacio de Miraflores, tras 27 años de discurso antiimperialista de la llamada revolución bolivariana, primero con Hugo Chávez y después con Nicolás Maduro. Esto ocurrió ante la llegada de Christopher Wright, secretario de Energía de esa nación norteamericana, a poco más de 40 días de la acción militar ordenada por el presidente Donald Trump en Caracas, que cumplió el objetivo de detener a Nicolás Maduro y a su esposa, la diputada Cilia Flores.
El cimbronazo al chavismo en Venezuela mantiene a los ciudadanos entre la esperanza y la incertidumbre. Las calles de Caracas reflejan una mezcla de alivio, expectativas y confusión tras la acción militar estadounidense y los cambios posteriores.
Para un número significativo de venezolanos, el país respira otro aire y es necesario el apoyo externo. Los expertos en encuestas registran ese fenómeno, aunque aún no han hecho públicas las cifras, según pudo conocer CNN. En tanto, otros intentan asimilar lo que consideran como una figura de tutelaje bajo la potencia norteamericana, mientras hay quienes siguen creyendo que la única transición posible es hacia el socialismo.
Sorteando el tráfico en Caracas, un taxista que prefirió mantener su nombre en reserva por temor a represalias contó a CNN que el 3 de enero tenía media hora de haber salido de Fuerte Tiuna cuando se inició el bombardeo que terminó con la captura de Maduro. Considera que fue una situación muy desagradable, pero en su opinión era “la única manera de lograr un cambio”. Asegura que, si Maduro hubiera aceptado su derrota en las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024 o negociado su salida cuando estaba a tiempo, no se hubiera llegado al extremo.
Este hombre siente una mezcla de emociones: “Me invadiste, me bombardeaste, pero no había otra solución. Si se hubiera permitido una salida democrática, él (Maduro) se iba el 28 de julio y no pasaba nada”.
“Créame que yo, que hablo con mucha gente, siento que la gente está más tranquila… Que las cosas mejoren es la meta”, afirma.
En cuanto a los escenarios posibles a futuro, este conductor reflexiona: “No me gustaría que seamos una colonia ni el estado 51, pero sí podríamos ser un estado asociado, algo como Puerto Rico. No es una mala idea, pero habría que madurarla”, dice. En su opinión, la prioridad es restablecer las relaciones comerciales con Estados Unidos y garantizar que los recursos naturales beneficien realmente al país. “¿Dónde está la inversión del petróleo?”, se pregunta, al tiempo que señala que no se ve ni en los hospitales ni en los servicios básicos. “Aquí uno tiene que cazar cuándo llega el agua y rezar para que no se vaya la luz”, lamenta.
Aunque enfatiza que están los mismos en el poder, menos Maduro y su esposa, considera que esa continuidad es temporal y que será, a su juicio, “un mal necesario para tener una transición pacífica”. Según su opinión, la mano de Estados Unidos garantiza que “las cosas mantengan su curso” y que el país regrese a la estabilidad, incluso si eso implica mantener lo que describe como cierto tutelaje extranjero.
La presidenta encargada Delcy Rodríguez, juramentada el 5 de enero, recibió a Wright y habló de avanzar en la diplomacia de la paz y de la energía, en el marco de lo que describe como un nuevo momento político para el país. Destacó que incluye también una nueva etapa en las relaciones entre Washington y Caracas, algo que genera opiniones encontradas.
Ese no fue el único acercamiento entre el Gobierno de Rodríguez y EE.UU. La presidenta encargada también se reunió con el director de la CIA, John Ratcliffe. Además, el 31 de enero llegó a Caracas la embajadora Laura Dogu como encargada de negocios, rompiendo con siete años sin representación diplomática entre ambos países. La funcionaria dejó en claro que viene a impulsar el plan anunci