Por Amarachi Orie
Lo que hasta ahora se consideraba una capacidad exclusiva de nuestra especie —el juego de simulación— ha sido identificado en el reino animal. Mientras que para un niño es natural organizar una “fiesta de té” para sus ositos o jugar a la tienda y ser un vendedor, un nuevo estudio científico revela que los simios, como los bonobos, comparten este fascinante talento para la imaginación.
Este hallazgo desafía décadas de teorías sobre la psicología evolutiva. La investigación sugiere que la habilidad de “jugar a fingir” y crear mundos imaginarios no nació con el hombre, sino que es una herencia cognitiva mucho más antigua. Ver a un simio participar en juegos de rol no solo resulta sorprendente, sino que abre una ventana única para entender cómo se desarrolló la mente humana y nuestra capacidad para la creatividad.
La evidencia proviene de un bonobo, también conocido como chimpancé pigmeo, llamado Kanzi, que participó en tres experimentos al estilo de una fiesta de té simulada, realizados por dos investigadores de la Universidad Johns Hopkins en Baltimore, Maryland.
Observaciones previas de simios jugando solos habían sugerido la posibilidad de que los animales pudieran participar en juegos simulados, señalaron los autores del estudio, Amalia Bastos y Christopher Krupenye, en la investigación publicada el jueves en la revista Science.
En investigaciones anteriores, se observó a un chimpancé joven y cautivo en dos ocasiones, entre 2003 y 2004, arrastrando lo que parecían ser bloques imaginarios por el suelo, de manera similar a cuando jugaba con bloques de madera reales.
Las chimpancés hembras, observadas en estado salvaje en Uganda durante un período de 14 años, también habían sido vistas cargando y jugando con palos como si fueran muñecas, igual que las madres chimpancés cargan a sus crías.
Sin embargo, la naturaleza anecdótica de la evidencia dejó lugar para la duda, dijeron los investigadores.
Por ejemplo, los animales podrían haber estado imitando comportamientos que habían observado en humanos, en lugar de usar su imaginación. O tal vez, un simio que “toma” un arándano de una fotografía podría realmente pensar que los arándanos son reales. O, si jugar con bloques de madera resulta muy gratificante, un simio podría continuar repitiendo la misma acción aunque los bloques no estén allí.
Para abordar estas preocupaciones y proporcionar evidencia más sólida, en 2024 los investigadores realizaron pruebas controladas usando jugo y uvas cuando Kanzi tenía 43 años, un año antes de su muerte.
Primero, a Kanzi se le presentaron dos botellas, una vacía y otra con jugo, y se le pidió elegir cuál botella tenía jugo. Durante 18 pruebas, eligió la botella correcta todas las veces.
Luego, un investigador presentó al bonobo dos vasos vacíos y transparentes y fingió verter jugo de una jarra vacía en cada uno. Después, vertió el jugo imaginario de uno de los vasos de regreso a la jarra.
Cuando se le preguntó, “¿Dónde está el jugo?”, Kanzi eligió correctamente el vaso que aún contenía el jugo imaginario el 68 % de las veces, lo que es superior a si hubiera elegido al azar.
Sin embargo, en caso de que Kanzi pensara que había jugo real en los vasos vacíos, los investigadores realizaron una segunda tarea para ver si podía distinguir entre jugo real y jugo imaginario. En 18 pruebas, a Kanzi se le presentaron un vaso con jugo y otro vaso vacío lleno de jugo imaginario, y se le preguntó: “¿Cuál quieres?”
Kanzi eligió correctamente el vaso con jugo en 14 de las 18 ocasiones, demostrando que sí sabía la diferencia entre real y simulado.