Por Arit John, CNN
Maureen Galindo, terapeuta sexual y defensora del derecho a la vivienda, tomó por sorpresa a los demócratas al quedar en primer lugar en las elecciones primarias del 3 de marzo para el 35º Distrito Congresional de Texas, a pesar de haber gastado solo unos pocos miles de dólares en su campaña.
Esa sorpresa se transformó rápidamente en alarma cuando su uso de tropos antisemitas —en críticas a Israel y a su rival en las primarias, Johnny García, cuya candidatura para un escaño en la Cámara de Representantes ha sido respaldada por un grupo proisraelí— captó la atención nacional, suscitando una condena generalizada por parte de miembros de ambos partidos.
Ahora, la segunda vuelta electoral de este martes se ha convertido, para muchos, en un referéndum sobre los comentarios de Galindo y en una prueba para determinar si los demócratas a nivel nacional lograrán detenerla en un momento de creciente sentimiento antiisraelí dentro de la base del partido. Gracias, en parte, a un gasto de casi un millón de dólares proveniente de misteriosos super PACs, los demócratas se enfrentan a la posibilidad de que Galindo gane la nominación; un desenlace que, según teme el partido, podría poner en riesgo sus posibilidades en el distrito y vincularlos a una retórica que ellos mismos han denunciado.
“Ella no refleja los valores de los demócratas y, ciertamente, no representa los valores de San Antonio”, afirmó Laura Barberena, estratega demócrata radicada en la localidad.
Galindo, quien niega que sus comentarios sean antisemitas, ha atribuido su éxito en la primera ronda de las primarias al apoyo de las bases. Según documentos recientes presentados ante la Comisión Federal Electoral, la candidata recaudó apenas US$ 5.344,50 hasta finales de marzo, una fracción de lo que obtuvieron otros candidatos.
Los demócratas de Texas, por el contrario, señalan la afluencia de votantes poco habituales que se vieron atraídos por la competitiva primaria para el Senado de EE.UU. entre el representante estatal James Talarico y la representante federal Jasmine Crockett.
“Eso atrajo a muchos votantes de primarias demócratas atípicos que tal vez no estaban tan informados”, comentó Bert Santibañez, estratega demócrata con sede en San Antonio. “Recorren la papeleta, ven a Maureen Galindo —un nombre de pila femenino y un apellido latino— y eso les basta para darle su voto”. (Galindo tiene un apellido de origen español, pero se ha descrito a sí misma como blanca).
Los demócratas confían en que acuda a la segunda vuelta un grupo de votantes más reducido, pero mejor informado, en comparación con el electorado de las primarias que respaldó a Galindo frente a García por un estrecho margen de poco menos de 1.200 votos. “En marzo, la gente no tenía mucha conciencia de sus declaraciones y opiniones más controvertidas. Ahora sí la tiene”, afirmó Katherine Fischer, directora ejecutiva del Texas Majority PAC, quien señaló que García es un candidato más sólido. “Si uno se postula a un cargo público, siempre existe una posibilidad, pero creo que a estas alturas la situación es difícil para ella. Y espero que así sea”.
Gran parte de la presencia de Galindo en las redes sociales previa a las elecciones primarias se centró en la política de vivienda y en la crítica al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE). Hizo publicaciones sobre su oposición a un plan para financiar un nuevo complejo de estadios para los San Antonio Spurs y afirmó que apoyaría el juicio político contra el presidente Donald Trump y los miembros de su administración, así como el enjuiciamiento de los agentes de ICE. Algunas de sus publicaciones se basaron en su experiencia como terapeuta matrimonial y familiar, ofreciendo a sus seguidores pautas sobre cómo regular su sistema nervioso.
Sin embargo, incluso antes de la votación del 3 de marzo, ya existían indicios de que estaba yendo más allá de la mer