EFE
De la máxima exigencia con el duro castigo del silbido durante todo un partido en su propio estadio, a escuchar su nombre de nuevo coreado en el Santiago Bernabéu. Vinícius, asistente en dos goles y autor de un bello tanto, se ganó el indulto del madridismo el día del triunfo más plácido del curso, ante un débil Mónaco, con Kylian Mbbapé sin piedad con su pasado.
Tras la tempestad en el Bernabéu, el partido invitaba a la firma de la paz. Las bajas del Mónaco, la necesidad de contentar al aficionado del Real Madrid y la deuda por saldar de Vinícius, que captó el mensaje en forma de silbidos durante todo el duelo liguero ante el Levante, impulsaron una plácida noche. Con defectos que parecen incorregibles en fase defensiva pero un hambre de gol insaciable arriba representado siempre por Mbappé.
Hasta once goles en una Champions que encarrila el Real Madrid para acabar la liguilla entre los ocho primeros, llevan la firma de Mbappé. Instalado ya en su récord personal en la competición, no tuvo piedad con el club donde nació su leyenda y lo impulsó al estrellato. En cinco minutos lo dejó tocado. En 26, sentenciado.
El primer disparo a puerta del equipo de Arbeloa, que se estrenaba de traje en la competición más deseada, lo mandaba a la red Mbappé. Gracias a un enérgico Mastantuono, que como Güler, encontró el premio del nuevo técnico al cambio de panorama que impulsaron ante el Levante. Encaró el argentino, le puso pausa al pase entre líneas a la ruptura de Fede Valverde y su pase atrás lo ajustaba al poste Kylian ejerciendo de líder. Dentro del campo y fuera.
La ausencia de Rodrygo abrió de nuevo la puerta de la titularidad a Mastantuono que aumenta su confianza con Arbeloa. La perdió con Xabi Alonso y ya no la recuperó. Firmó su mejor partido de blanco sin necesidad de desbordar por banda, asociándose con calidad, con actitud y buena visión del pase. Habilitó a Vinícius para regalarle su primera oportunidad de redención. El disparo cruzado lo sacaba abajo Kohn.
Vini sentía como el castigo en forma de silbido se apagaba en la grada. Era un impulso para demostrar que ha aprendido la lección. Castigó con velocidad al espacio en cada transición a un Mónaco débil en defensa, que quiso buscar el gol tomando riesgos que le costarían caros. Su técnico, Pocognoli, no tocó la identidad de su equipo ni se parapetó con defensa de cinco.
Confió en la calidad de sus jugadores ofensivos, con Ansu Fati titular, para generar peligro ante la pasividad defensiva madridista. Bien posicionado, pero sin la presión adecuada. Defendiendo siempre desde el esfuerzo individual, lo que da al rival, del nivel que sea, la oportunidad de sentir que puede hacer daño. Así perdonaron Balogun en una rápida transición y Ansu rematando desequilibrado un buen centro de Golovin.
Perdonaron y lo pagaron. Todo pasaba por Mastantuono, que lanzaba a la grada la primera que tenía, de zurda, y luego le daba la oportunidad a Tchouaméni de marcar. Sin el acierto de Kylian en una acción que es puro Real Madrid. De contragolpe tan veloz que cuando el rival se da cuenta está sacando el balón de la red. Lanzado por Huijsen, mejorado por Camavinga con un pase de tacón, con la visión de Güler al espacio, la velocidad de Vinícius y el remate de Mbappé.
La noche era perfecta para que Vinícius recuperase de golpe la confianza. Impulsado por su primera asistencia, buscó el gol tras una bicicleta. El premio a su ímpetu le llegaría más tarde. Con Carlo Ancelotti en la grada, pensando que meses después de su salida el Real Madrid sigue sufriendo los mismos males que cerraron su etapa, plagado de bajas defensivas que provocan que dos centrocampistas como Valverde y Camavinga, la sorpresa del once de Arbeloa, jueguen de laterales.
El primer acto se despedía entre un latigazo lejano al travesaño de Teze, la parada de Courtois a Akliouche y otro servicio de calidad de Mastantuono, medido a la cab