Por Kristen Rogers, CNN
Teresa Sánchez se encontraba en México para someterse a un procedimiento médico hace casi cuatro años cuando comenzó a sentir sequedad y una sensación punzante constante en su ojo derecho.
Pensó que podía tratarse de un posible desgarro en su lente de contacto, de la resequedad general que había notado desde que empezó a usar lentes de contacto mensuales en lugar de desechables diarios, o incluso de que su cuerpo estuviera combatiendo alguna enfermedad.
Pero lo que no sabría hasta tres meses después era que un pequeño invasor estaba librando una guerra contra su córnea, destruyendo de forma permanente su visión y causándole un intenso dolor ardiente que se extendía por toda su cabeza.
“No podía abrir las persianas de mi habitación porque eso me provocaba un dolor muy, muy fuerte en el ojo”, contó Sánchez, de 33 años y residente en Las Vegas, al recordar un momento angustiante tras pasar unos tres meses de diagnósticos erróneos por parte de oftalmólogos. “Ahí supe que era algo serio y empecé a investigar por mi cuenta”.
Sánchez descubrió en Internet que sus síntomas coincidían con los de una enfermedad rara, la queratitis por Acanthamoeba. Más tarde, un especialista en oftalmología confirmó su sospecha. La queratitis se refiere a la inflamación de la córnea, la capa externa protectora del ojo, con forma de cúpula, que desempeña un papel clave en la visión.
La acantamoeba es un organismo unicelular que no necesita un huésped para sobrevivir y que se encuentra comúnmente en el agua y el suelo. Es uno de los muchos patógenos que pueden causar queratitis, explicó por correo electrónico el Dr. Jacob Lorenzo-Morales, profesor de parasitología de la Universidad de La Laguna, en España.
Una vez que el parásito oportunista llega a la superficie del ojo, se adhiere a la córnea, según explicó el Dr. Paul Barney, médico optometrista y director del centro Pacific Cataract and Laser Institute de Anchorage, Alaska. Si existen rupturas en el epitelio corneal —delgada capa protectora de células extremadamente sensibles al dolor—, estas permiten que el parásito se introduzca en la córnea, según Barney.
La queratitis por Acanthamoeba es una enfermedad poco frecuente, señala Barney, también miembro de la junta directiva de la Asociación Americana de Optometría. Hay más de 23.000 casos al año en todo el mundo, según datos de 2023 de solo 20 países, entre ellos Brasil, Canadá, el Reino Unido, India y Estados Unidos.
Sin embargo, cerca del 85 % y el 95 % de las personas infectadas usan lentes de contacto, que crean condiciones favorables para la acantamoeba. Los lentes pueden provocar abrasiones en la córnea que sirven como punto de entrada para el patógeno; además, la acantamoeba puede adherirse a la superficie del lente o quedar atrapada entre este y el ojo, lo que facilita que penetre más profundamente.
“Tener queratitis por acantamoeba puede ser devastador si no se diagnostica a tiempo y se trata de forma agresiva”, advirtió Barney. “Básicamente utiliza la córnea como fuente de alimento, lo que provoca inflamación y daño tisular, y puede derivar en una pérdida permanente de la visión”. En algunos casos, la visión puede recuperarse parcialmente con tratamiento adecuado o resolverse por completo mediante un trasplante de córnea.
El parásito es especialmente resistente y está altamente adaptado para detectar amenazas, lo que activa mecanismos de defensa que prolongan tratamientos que ya pueden durar de meses a años y que suelen estar acompañados de dolor. Por ello, trabajar de cerca con un profesional de la salud visual y seguir sus indicaciones es fundamental.
Diagnosticar la queratitis por Acanthamoeb