Análisis por Zachary B. Wolf, CNN
Al igual que Lucy con el balón de fútbol, el presidente Donald Trump no deja de insinuar que el acuerdo para poner fin a la guerra con Irán está prácticamente cerrado.
Es uno de los muchos argumentos sobre Irán que lleva repitiendo desde hace meses.
La guerra en sí ha cambiado, pasando de una estrategia de conmoción y terror a un alto el fuego de un mes de duración en el que cada bando ha impuesto un costoso bloqueo al otro.
Pero los argumentos de Trump siguen siendo los mismos. Las ideas que repite incluyen los puntos clave de que Estados Unidos tiene el control, que las fuerzas iraníes están devastadas y que todo terminará muy pronto.
Todo esto hace que sea muy difícil saber hasta qué punto conviene tomar en serio sus garantías sobre la proximidad de un acuerdo.
Si nos fiamos de las pesimistas encuestas, el mensaje de la Casa Blanca sobre la guerra ha sido ineficaz, pero la adhesión de Trump a su propio discurso ha sido inquebrantable.
“Esto terminará rápidamente”, prometió Trump durante un mitin telefónico en apoyo de un candidato republicano en Georgia esta semana.
“Creo que hay muchas posibilidades de que esto termine, y si no termina, tendremos que volver a bombardearlos sin piedad”, declaró a PBS a principios de semana.
Es una táctica que ha empleado una y otra vez desde que Estados Unidos e Israel atacaron por primera vez a Irán.
“Muy pronto”, declaró a los periodistas el 9 de marzo.
El plazo específico se ha extendido desde las cuatro a seis semanas que Trump proyectó al comienzo de la campaña, pero siempre ha permanecido un poco lejano.
En abril, el programa “Inside Politics” de CNN publicó un montaje con las ocasiones en que Trump había dicho que la guerra terminaría pronto. Desde entonces, no ha dejado de insinuarlo.
Trump no ha dudado en usar la palabra “guerra” para describir un conflicto militar, que sigue sin estar autorizado por el Congreso. Pero prefiere describirlo con un término menos drástico.
“Lo llamo una escaramuza porque eso es lo que es, una escaramuza. Y nos está yendo increíblemente bien”, manifestó Trump en la Casa Blanca el miércoles.
La palabra escaramuza es relativamente nueva, pero la idea que la rodea ha sido una constante.
“Esta es una breve incursión en algo que debería haberse hecho hace 47 años”, señaló a los periodistas el 7 de marzo a bordo del Air Force One.
“Así que hicimos un pequeño desvío y está funcionando muy bien”, indicó en la Casa Blanca el 4 de mayo.
“No tienen armada, totalmente aniquilada. No tienen fuerza aérea, totalmente aniquilada. No tienen capacidad antiaérea, totalmente aniquilada. No tienen radar. No tienen líderes. Los líderes han sido aniquilados. Todo… y luego leo los periódicos y dicen lo bien que les va. No les va bien”, se quejó Trump el 5 de mayo en la Casa Blanca.
Un día antes, había repetido lo mismo.
“No tienen armada, no tienen fuerza aérea, no tienen equipo antiaéreo, no tienen radar, no tienen nada. De hecho, no tienen líderes. Sus líderes… los líderes también desaparecieron”, aseguró el 4 de mayo.
Es un argumento que Trump ha repetido hasta la saciedad, tanto antes del alto el fuego del 7 de abril como después.
He aquí un ejemplo de su encuentro con periodistas el 20 de marzo, en el que argumentaba que Estados Unidos ya había ganado la guerra en esencia:
“Hemos destruido su armada, su fuerza aérea. Hemos destruido su defensa antiaérea. Lo hemos destruido todo. Estamos en libertad. Desde un punto de vista militar, lo único que hacen es bloquear el estrecho. Pero desde