Por Jacopo Prisco, CNN
Desde las misteriosas muertes de un esposo y una esposa de la familia Médici, una poderosa dinastía italiana que gobernó Florencia y la Toscana casi ininterrumpidamente de 1434 a 1737, han circulado rumores sobre qué llevó a la pareja a su prematura desaparición. Ahora, los científicos creen que tienen una respuesta: no fue un asesinato, sino malaria.
En 1587, el gran duque Francesco I de’ Médici y su esposa, Bianca Cappello, murieron con pocas horas de diferencia tras días de agonía.
En aquel momento, la lógica dictaba que el culpable era la malaria porque la pareja había mostrado síntomas de la enfermedad, incluida una reveladora fiebre intermitente. Pero de inmediato se propagaron rumores de un asesinato, señalando al hermano menor y rival de Francesco, Ferdinando, como el perpetrador.
Ferdinando era el siguiente en la línea de sucesión al trono, pero corría el riesgo de ser pasado por alto en favor del hijo ilegítimo de Francesco, Antonio. Además, Ferdinando había visitado al gran duque y a su esposa en su residencia justo antes de que enfermaran, lo que reforzaba aún más la sospecha de que los envenenó con arsénico para asegurar su propio ascenso al poder.
La pareja enfermó en una villa de los Médici en Poggio a Caiano, cerca de Florencia, una zona salpicada de pantanos y arrozales, hábitats ideales para los mosquitos que pueden transmitir la malaria. Aun así, los rumores de asesinato perduraron, probablemente alimentados por el historial de asesinatos e intentos de asesinato de la familia Médici.
Desde 2004, cuando comenzaron la exhumación y el análisis de restos óseos de 49 tumbas de la familia Médici como parte del Proyecto Médici, diversos estudios han confirmado la malaria como la causa de la muerte de Francesco. Sin embargo, otros estudios publicados tan recientemente como en 2006 utilizaron investigaciones toxicológicas para determinar que la pareja fue, en efecto, víctima de envenenamiento por arsénico.
Un nuevo estudio realizado conjuntamente por la Universidad de Pisa, en la Toscana, y la Universidad de Yale utilizó ADN extraído de los restos óseos de Francesco y de otro de sus hermanos, Giovanni, en un intento de zanjar el debate de una vez por todas.
“En los últimos años, intentamos resolver este misterio realizando algunos análisis específicos, en particular análisis paleo-inmunológicos, que atestiguaron la presencia de malaria en los restos. Pero los rumores no cesaban, porque la paleo-inmunología no es concluyente, y solo el ADN antiguo podía dar una respuesta con un alto grado de certeza”, dijo Valentina Giuffra, profesora de historia de la medicina en la Universidad de Pisa y coautora del estudio, publicado en junio en la revista iScience.
La paleo-inmunología utiliza antígenos, sustancias que desencadenan una respuesta inmunitaria, o proteínas para comprobar rastros de enfermedad en restos antiguos. El análisis de ADN, que es un enfoque más reciente, es más definitivo porque busca firmas genéticas directas de una enfermedad.
Giuffra y sus colegas hallaron rastros genéticos de plasmodium, los protozoos parásitos responsables de la malaria, en muestras de material óseo de las costillas de Francesco. “El ADN es concluyente”, dijo Giuffra. “Resuelve el problema y las dudas. Creo que esta es una respuesta definitiva”.
La malaria es uno de los grandes asesinos históricos de la humanidad, causando 610.000 muertes solo en 2024, según la Organización Mundial de la Salud. Se manifiesta con fiebre, dolores de cabeza y escalofríos, y su nombre proviene de la frase italiana medieval “mal aria”, que significa mal aire, un apodo derivado de la idea de que la enfermedad se contraía al respirar aire maloliente cerca de pantanos o aguas estancadas.
Las fuentes históricas respaldaban la suposición de que la malaria mató a Francesco y Bianca, dijo Giuffra. Documentos escritos por médicos de