Por Kevin Liptak, Kylie Atwood, Kylie Atwood, Zachary Cohen y Jennifer Hansler, CNN
Cuando el presidente Donald Trump partía de Washington la semana pasada rumbo a Florida, poner fin a la guerra con Irán parecía ser lo último en lo que pensaba.
“No se declara un alto el fuego cuando se está literalmente aniquilando al otro bando”, dijo el viernes desde el jardín sur de la Casa Blanca antes de subirse a su helicóptero y marcharse volando.
Tres días, un ultimátum y, según su relato, algunas conversaciones con un funcionario misterioso en Teherán después, Trump había adoptado una postura diferente.
“Quieren llegar a un acuerdo, y lo vamos a conseguir”, declaró ante una multitud en Memphis, Tennessee, el lunes, antes de visitar Graceland, la casa de Elvis.
El giro repentino y, según Trump, el rápido avance de las conversaciones de paz, provocaron un cambio abrupto en el enfoque de la administración hacia la guerra, después de que el presidente amenazara el sábado por la noche con atacar las centrales eléctricas de Irán si el estrecho de Ormuz no se abría en 48 horas.
Y ahora incluso hay una propuesta para que Pakistán sea sede de una reunión entre Estados Unidos e Irán a finales de esta semana, a la que podría asistir el vicepresidente J.D. Vance, según dos fuentes. CNN se ha puesto en contacto con la oficina de Vance.
El cambio en la postura estadounidense se produjo tras las advertencias de los aliados del Golfo de que el ataque a centrales eléctricas civiles en Irán podría provocar una escalada desastrosa, según fuentes cercanas a las conversaciones. El anuncio de las conversaciones, realizado dos horas antes de la apertura de la bolsa estadounidense el lunes, provocó un repunte en Wall Street y una fuerte caída en el precio del crudo Brent, dos aspectos que habían generado inquietud entre Trump y sus asesores.
Quiénes eran exactamente los interlocutores —o incluso si realmente estaban hablando— se convirtió de inmediato en motivo de controversia. Trump, quien se negó a revelar el nombre del interlocutor iraní con quien se reunían sus enviados, ofreció pocos detalles, limitándose a describir al funcionario como “respetado”. Y mientras el presidente hablaba, unidades adicionales de la Infantería de Marina se dirigían hacia Medio Oriente, alimentando el escepticismo sobre la veracidad de las conversaciones.
Por su parte, Teherán negó cualquier tipo de diálogo y afirmó que Trump había retirado su amenaza porque temía represalias iraníes.
“No se han celebrado negociaciones con Estados Unidos”, escribió en X el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, de quien se rumoreaba que era el funcionario al que se refería Trump. Añadió que el aplazamiento por parte de Estados Unidos de los ataques a las centrales eléctricas tenía como objetivo “salir del atolladero en el que están atrapados Estados Unidos e Israel”.
Sin embargo, las negaciones fueron redactadas cuidadosamente y no refutaron el hecho de que se habían intercambiado mensajes para tantear el terreno ante una posible reanudación de las conversaciones.
Varios países trabajan activamente para mediar en un acuerdo entre Estados Unidos e Irán, mientras las repercusiones de la guerra se sienten en todo el mundo, según informaron a CNN cinco fuentes familiarizadas con el asunto. A pesar de las afirmaciones de Trump, las fuentes desconocían cualquier negociación directa entre Estados Unidos e Irán desde el inicio de la guerra.
La Casa Blanca se negó a dar detalles sobre las conversaciones, que según Trump fueron dirigidas por sus enviados Steve Witkoff y Jared Kushner.
“Se trata de conversaciones diplomáticas delicadas y Estados Unidos no neg