Por John Blake, CNN
La muerte del reverendo Jesse Louis Jackson a los 84 años significa una gran pérdida para el movimiento por los derechos civiles y raciales y la política reciente en EE.UU.
Jackson fue un imponente líder y activista democrático cuya visión moral y apasionada oratoria transformaron el Partido Demócrata y Estados Unidos.
Discípulo del reverendo Martin Luther King Jr., Jackson había sido hospitalizado el miércoles 12 de noviembre y se encontraba en observación por parálisis supranuclear progresiva (PSP), según informó la Coalición Rainbow PUSH en un comunicado la semana pasada.
Jackson fue lo que un experto denominó “un personaje único en la historia de Estados Unidos”. Nació en Greenville, Carolina del Sur, hijo de una madre soltera adolescente, durante la época de la segregación racial, pero llegó a ser un ícono de los derechos civiles y un político innovador que protagonizó dos electrizantes campañas presidenciales en la década de 1980.
Las dos candidaturas de Jackson a la nominación presidencial demócrata inspiraron a la comunidad afroamericana y asombraron a los analistas políticos, quienes se maravillaron de su capacidad para atraer el voto blanco. Fue una figura clave para la comunidad afroamericana mucho antes de que Barack Obama irrumpiera en la escena nacional.
Jackson alcanzó notoriedad nacional en la década de 1960 como estrecho colaborador del reverendo Martin Luther King Jr. Tras el asesinato de King en 1968, Jackson se convirtió en uno de los líderes de los derechos civiles más transformadores de Estados Unidos, para disgusto de algunos de los colaboradores de King, quienes lo consideraban demasiado impulsivo.
Pero su Coalición Arcoíris, una audaz alianza de afroamericanos, blancos, latinos, estadounidenses de origen asiático, nativos americanos y personas LGBTQ+, contribuyó a allanar el camino para un Partido Demócrata más progresista.
“Nuestra bandera es roja, blanca y azul, pero nuestra nación es un arcoíris: roja, amarilla, marrón, negra y blanca; y todos somos valiosos a los ojos de Dios”, dijo Jackson en una ocasión.
Una de las frases más características de Jackson era “Mantengan viva la esperanza”. La repetía con tanta frecuencia que algunos comenzaron a parodiarla, pero para él nunca pareció perder su significado. Fue una fuerza impulsora de la justicia social durante tres épocas: la era de Jim Crow, la era de los derechos civiles y la era posterior a los derechos civiles, que culminó con la elección de Obama y el movimiento Black Lives Matter.
Con su elocuencia y su singular empuje, Jackson no solo mantuvo viva la esperanza para sí mismo. Su sueño de una América vibrante y multirracial sigue inspirando a millones de estadounidenses hoy en día.
La visión de Jackson transformó el Partido Demócrata. Fue el primer candidato presidencial en hacer del apoyo a los derechos de los homosexuales un pilar fundamental de su campaña, e hizo un esfuerzo concertado para desafiar la priorización que el Partido Demócrata daba a los votantes blancos, moderados y de clase media, afirma David Masciotra, autor de “Soy alguien: Por qué Jesse Jackson importa”.
“Un Partido Demócrata que ahora representa a una América multicultural y que cuenta con figuras como Kamala Harris como (ex)vicepresidenta y Obama como expresidente, comenzó, en muchos sentidos, con las campañas de Jackson”, señala Masciotra.
Obama quizá nunca hubiera llegado a la Casa Blanca sin las pioneras campañas presidenciales de Jackson. Jackson luchó con éxito para cambiar el sistema de asignación de delegados durante las primarias demócratas, pasando de un sistema de “el ganador se lo lleva todo” que beneficiaba a los favoritos a un sistema proporcional que ayudaba a otros candidatos, incluso si no ganaban en un estado.
Esos cambios ayudaron a Obama a lograr una victoria inesperada sobre la favorita Hillary Clinton d