Análisis por Stefano Pozzebon, CNN
María Corina Machado, la líder de la oposición venezolana y ganadora del Premio Nobel de la Paz 2025, llega esta semana a Washington para mantener conversaciones decisivas con el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, sobre el futuro de Venezuela tras la salida de Nicolás Maduro del poder. El encuentro se produce después de que Trump sorprendiera a muchos al permitir que la vicepresidenta de Maduro, Delcy Rodríguez, asumiera el control, frustrando las esperanzas de la oposición de iniciar una nueva era democrática.
Los últimos 12 meses han sido una montaña rusa para Machado. Hace exactamente un año, se la veía en Caracas intentando, con dificultad, movilizar a la población contra Maduro, el líder autoritario que comenzaba un tercer mandato como presidente de Venezuela después de que las autoridades electorales lo declararan ganador de las elecciones presidenciales de 2024, sin publicar resultados detallados y pese a las evidencias de que el candidato respaldado por Machado, Edmundo González, lo había derrotado por amplio margen.
Fue la última vez que alguien vio a Machado en público hasta el mes pasado, cuando salió de la clandestinidad para recibir su Premio Nobel en Noruega, tras una audaz fuga de Venezuela en la que logró evadir la captura por parte de las fuerzas de Maduro.
Sin embargo, este mes Machado quedó al margen mientras Estados Unidos ejecutaba una operación sin precedentes en Venezuela para capturar a Nicolás Maduro y a su esposa, trasladarlos a Nueva York y que enfrenten cargos federales por narcoterrorismo y narcotráfico, incluso cuando antiguos aliados de Maduro siguen en el poder en Caracas. Ambos se declararon inocentes.
A lo largo de este tiempo, Machado ha buscado ganarse el favor de Trump: primero apoyando de manera incómoda la estrategia de la Casa Blanca de atacar a presuntos narcotraficantes en el Caribe —muchos venezolanos— a pesar de la escasa evidencia pública que justificara los ataques, y luego dedicándole de manera polémica su Premio Nobel al propio Trump, quien durante años había hecho campaña abiertamente para obtener ese reconocimiento.
A pesar de las demostraciones públicas y los elogios reiterados al presidente estadounidense, en el momento decisivo de la salida de Maduro no fue Machado quien recibió el respaldo de Trump para asumir el control de Venezuela, sino una figura del viejo aparato del poder: Delcy Rodríguez, mano derecha de Maduro y aliada histórica.
En cierto modo, Machado es víctima de su propio éxito. Ella no buscó el Premio Nobel y su nominación, en agosto de 2024, fue presentada nada menos que por el propio secretario de Estado de Trump, Marco Rubio, entre otros. Sin embargo, no es ningún secreto que el presidente resentía personalmente la decisión y tan recientemente como la semana pasada declaró que “nadie en la historia” merecía más el Premio Nobel que él.
Solo se puede especular sobre cómo ve Trump a Machado, quien ganó un premio que él considera que le correspondía.
Fuentes cercanas a Machado dijeron a CNN que, hasta la noche del lunes, ambos líderes no habían hablado desde octubre, cuando ella le dedicó el galardón a Trump, un gesto que el presidente estadounidense calificó como “muy bonito”.
Machado y sus representantes declinaron hacer comentarios para este artículo.
Si pretende recuperar el favor de Trump, Machado sabe que tiene terreno que remontar.
La líder opositora denunció el ascenso de Rodríguez y afirmó en una entrevista con CBS que la nueva presidenta interina está bajo sanciones de Estados Unidos por violaciones a los derechos humanos desde 2017, y que participó activamente en la administración de la temida prisión de El Helicoide, un antiguo centro comercial que presuntamente es uno de los mayores centros de tort